Salmo 062

 SALMO 062 DIOS, LA ÚNICA ESPERANZA SALVADORA
Introducción. - La característica dominante de este Salmo es la absoluta confianza en el Señor, a pesar de la hostilidad y la persecución. El salmista se siente plenamente seguro bajo la protección de Dios (vs. 2-3, 6-8). Por eso interpela decididamente a sus adversarios (vs. 4-5), se reconforta a sí mismo (vs. 6-7) y exhorta a todos los fieles a que compartan sus mismos sentimientos (v. 9). La reflexión sapiencial de los vs. 10-11 y el oráculo divino de los vs. 12-13, le sirven para confirmar su enseñanza.
1 Del maestro de coro. Al estilo de Iedutún. Salmo de David.
Seguridad del que confía en el Señor
2 Sólo en Dios descansa mi alma,
de él me viene la salvación.
3 Sólo él es mi Roca salvadora,
él es mi baluarte: nunca vacilaré.
La palabra Sólo significa “seguramente” o “sólo”. Se usa seis veces en el Salmo. Esta repetición da una dinámica especial y una nota de urgencia al Salmo. Sólo en Dios. No hay otro lugar de paz y descanso para el espíritu del ser humano. La salvación física y espiritual viene de él. Hemos de buscarla solamente en él. La palabra traducida reposa significa “estar callado”. Sólo él es.... La salvación no sólo viene de Dios, Dios es nuestra salvación. La roca indica firmeza y estabilidad; nada nos hará caer. Los problemas afectan algo, pero la estabilidad en Dios evita que afecten demasiado.
El salmista expresó sus sentimientos a Dios y luego reafirmó su fe. La oración puede liberar nuestras tensiones en momentos de estrés emocional. Confiar en Dios como nuestra roca, salvación y fortaleza cambiará por completo nuestra visión de la vida. Ya no nos esclavizará al resentimiento hacia otros cuando nos dañen. Cuando descansamos en la fortaleza de Dios, nada nos podrá conmover.

4 ¿Hasta cuándo se ensañarán con un hombre
para derribarlo entre todos,
como si fuera un muro inclinado
o un cerco que está por derrumbarse?
5 Sólo piensan en menoscabar mi dignidad
y se complacen en la mentira;
bendicen con la boca
y maldicen con el corazón. Pausa
El salmista muestra la causa de su angustia: los enemigos le persiguen. Cuando uno está medio caído le dan un empujón, como a una pared inclinada, para que caiga del todo. Están unidos contra el justo; los creyentes también tenemos que unirnos contra el enemigo espiritual.

6 Sólo en Dios descansa mi alma,
de él me viene la esperanza.
7 Sólo él es mi Roca salvadora,
él es mi baluarte: nunca vacilaré.
8 Mi salvación y mi gloria
están en Dios:
él es mi Roca firme,
en Dios está mi refugio.
Por el carácter de fortaleza y protección, de amparo y refugio, de defensa y de ofensa que representan los baluartes y las garitas – por eso, Dios mismo es comparado a un baluarte, a nuestro baluarte. El ve desde lo alto, porque mora en las alturas (Is 33, 5), y desde allí ve cuando Sus hijos están en apuros. Es Dios quien nos defiende y quien pelea por nosotros en contra de nuestros adversarios (Ne 4,20). Es Dios quien nos esconde y protege y resguarda cuando vienen los asaltos de nuestros enemigos – porque es nuestro escudo, es quien se coloca delante de nosotros para prever y enfrentar los ataques contra nosotros, es quien nos cubre del fuego cruzado. Cuando estamos en angustia o necesidad, cuando estamos oprimidos e indefensos, allí está Dios como nuestro escudo, nuestro refugio, nuestro baluarte.
¿Cómo te sientes en estos días? ¿te sientes angustiado y oprimido por tus enemigos, sean ellos los que sean? ¿sientes que se están acercando cada momento más, queriendo pelear contigo, queriendo robarte y matarte y destruirte? No te quedes allí, parado en el “muro” de tus circunstancias adversas, enfrentando solo todos los dardos de fuego del enemigo. Corre a Dios, a tu “baluarte”, y escóndete en Él – corre a Jesucristo, a tu “principal piedra del ángulo”, y apóyate en Él. Él es tu refugio, tu Salvador y tu Libertador. Solo en Él encontrarás la protección y el amparo que necesitas y que buscas en medio de las luchas y los conflictos de tu vida.
Un refugio es un refugio de los daños. La protección de Dios a su pueblo no tiene límites. Dios es como una roca que no se puede mover por cualquier persona que quisiera hacerte daño, la seguridad y la protección de la fuerza inamovible de Dios. ar. Dios es tu libertador - el protector de tu vida. Dios es un escudo que se interpone entre tú y el daño. Dios es tu fortaleza - un lugar seguro para elevarnos por encima de los peligros de la vida - por encima de tus enemigos. Si tú sientes que estás luchando cada batalla solo, recuerda que tu Señor Dios es tu protección y fuerza en tu momento de necesidad. Invócalo hoy. ¡Luego pon tu confianza en Dios completamente!

Exhortación a la confianza en Dios
9 Confiad en Dios constantemente,
vosotros, que sois su pueblo;
desahogad en él su corazón,
porque Dios es nuestro refugio. Pausa
La confianza, de acuerdo el diccionario es la “seguridad o esperanza de que una persona o grupo de ellas actuarán de manera correcta en una determinada situación”. Es decir, la seguridad que tenemos de que una persona no nos fallará, en el momento en que hemos puestos nuestras expectativas en ella.
En la palabra de Dios, la palabra confianza, además de esa definición, alude a otras características. Significa tener la certeza de que la presencia del Señor, es efectiva en nuestros corazones ante cualquier circunstancia. Es poseer la convicción de que podremos descansar en Él, todas nuestras cargas y salir victoriosos de esos obstáculos que se nos presentan. Y es la paz ganada, de creer que incluso en los momentos mas apremiantes de la vida, contamos con el poder del Señor, que todo lo puede y todo lo alcanza.
La confianza genuina en el Señor, se expresa entonces en una fe fortalecida, que nos da sobretodo una paz y calma inigualables para afrontar cada uno de los retos que implica el complejo trayecto de la vida.

10 Los hombres no son más que un soplo,
los poderosos son sólo una ficción:
puestos todos juntos en una balanza,
pesarían menos que el viento.
11 No os fieis de la violencia,
ni os ilusionéis con lo robado;
aunque se acrecienten las riquezas,
no pongáis el corazón en ellas.
«Dios, única esperanza y nuestra paz» ante «la tríada diabólica» de los ídolos de la violencia, la rapiña y la codicia, contrarios a la dignidad humana y a la convivencia social. Juan Pablo II dedicó la catequesis de su audiencia general del miércoles al Salmo 62. «En Dios sólo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación; sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar».
Tras destacar la dulzura de estas palabras, que son como una jaculatoria y una «invocación, que es también un programa de vida», el Santo Padre hizo hincapié en el llamamiento con el que el salmista advierte, de forma clara y firme: «No os fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón». Se trata de dos elecciones fundamentales, la primera – ‘confiar en Dios’ - es la buena y la segunda – ‘en los ídolos’ - es la perversa.
Refiriéndose «al primer falso dios, que es la violencia, a la que, lamentablemente, la humanidad sigue acudiendo también en nuestros días ensangrentados», Juan Pablo II subrayó que «a este ídolo se acompaña el inmenso cortejo de guerras, opresiones, prevaricaciones, torturas y matanzas execrables, infligidas sin atisbos de remordimientos».
«El segundo falso dios es la rapiña», recordó el Papa, explicando que ésta se expresa también por medio de «la extorsión, la injusticia social, la usura y la corrupción política y económica». «Demasiadas personas - lamentó el Santo Padre - cultivan ‘la ilusión’ de satisfacer de este modo su propia codicia».
«La riqueza, es el tercero de los ídolos al que se apega el corazón del hombre en la esperanza engañadora de poderse salvar de la muerte (cfr Sal 48) y asegurase una primacía de prestigio y de poder», señaló asimismo el Papa reiterando que «sirviendo a esta tríada diabólica, el hombre olvida que los ídolos se demuestran inconsistentes, aún más, dañinos».
«Si tuviéramos mayor conciencia de nuestra caducidad y del límite propio de las criaturas, no escogeríamos el camino de la confianza en los ídolos, ni organizaríamos nuestra vida sobre una escala de pseudo valores frágiles e inconsistentes», recordó Juan Pablo II, haciendo hincapié en que «nos dirigiríamos, más bien, hacia la otra confianza, aquella que se centra en el Señor, manantial de eternidad y de paz. Que de Dios es la fuerza, suyo el amor y la justicia, Él paga al hombre con arreglo a sus obras»

12 Dios ha dicho una cosa,
dos cosas yo escuché:
que el poder pertenece a Dios,
13 y a ti, Señor, la misericordia
Porque tú retribuyes a cada uno
según sus acciones.
Podemos confiar en Dios. El tiene todo el poder y puede hacer lo que quiera.
El mundo se encuentra hoy en una carrera por obtener el poder máximo. Pero esta forma del poder ejercido por el ser humano es causa de destrucción. Pero David había descubierto que junto con el poder real había otro elemento que siempre iba asociado a él.
Pero, al mismo tiempo, Dios, que puede usar el poder, es un Dios que también puede mostrar misericordia.
Pero, ¿cuál es la misericordia, si en realidad el Señor retribuye todo a partir de las acciones del hombre? ¿Es misericordia o es justicia, según el esfuerzo es la retribución?
En realidad, todo es misericordia, ya que el Señor le quiere otorgar a la persona todo lo bueno, pero sabe que si no hace el recipiente adecuado, en lugar de beneficiar, estaría perjudicando.
Por eso, el Señor espera que paulatinamente la persona vaya creciendo, armando su recipiente, hasta poder recibir todo en abundancia, de modo que no sea perjudicial para la persona, y pueda manejar su bendición.