Salmo 090

 
Introducción. - Salmo sapiencial que nos hace meditar sobre la brevedad y fragilidad de la vida del hombre, corta trayectoria entre el nacer y el morir, repleta, además, de miserias y limitaciones, fruto de nuestras culpas e infidelidades.

Pero el salmo, a pesar de sus acentos oscuros, nos abre a la esperanza. Dios tiene compasión de sus siervos. El nuevo día que empezamos puede traernos la misericordia del Señor, su perdón, la alegría y el júbilo; así pensaba ya el salmista, que desconocía aún la inmortalidad futura: Vuélvete, Señor, ten compasión de tus siervos; por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Si así pensaba el salmista en los umbrales de la revelación, el salmo, meditado por quienes somos sabedores de la resurrección que Dios tiene preparada a los hombres, se abre a perspectivas mucho más esperanzadoras. La mañana en que estamos y que recuerda el salmo, nos puede evocar la mañana definitiva, el momento todo luz, en que aparecerá el Hijo del hombre, momento del cual este comienzo de día es débil imagen.
Es, en resumen, una meditación sobre la brevedad de la vida humana, con súplica esperanzada.
Encontrando refugio en el Dios eterno. Dios y el hombre

1 Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
2 Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios
"Refugio" o morada: imagen espacial; algo estable en el flujo de las generaciones, las contiene y les da cauce. "Nosotros" es el grupo humano que se realiza en la sucesión y continuidad. “Una generación se va y viene la otra; pero la tierra permanece siempre” (Ec 1, 4)
Dios sobrepasa las generaciones, acogiéndolas a todas.
La protesta en contra del dominio de la muerte está bien fundamentada, en que comienza con una gran afirmación en cuanto a la relación del hombre con Dios. Dirigiéndose ante Él, no como Elohim el Poderoso, no como Jehová, el Ayudador, sino como Adonai, el Señor Soberano, el cantor declara que ÉL ha sido el refugio, la habitación, el hogar del hombre en todas las generaciones
Esa expresión que notamos aquí "desde siempre y por siempre", en hebreo tiene un sentido figurado. Quiere decir desde un punto que se desvanece hasta otro punto que se desvanece. Dios se extiende desde ese punto de la eternidad en el pasado que se desvanece en la distancia, proyectándose hacia el punto que se desvanece en el futuro, en esa eternidad por venir. Hasta donde nuestra mente pueda llegar, desde un punto al otro, Él es Dios. ¡Cuán majestuoso es este pensamiento! Y el hombre es simplemente una criatura de Dios, él es su vástago, por decirlo así.
¿Buscamos refugio en el Señor, tanto en angustias como en alegrías?

El juicio del Dios eterno

3 Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: "Retornad, hijos de Adán".
4 Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.
5 Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
6 que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
Con el "siempre" divino contrasta la breve vida humana: sentencia de Dios que recuerda el pecado de Adán. Hay un marcado descenso en estos versos: los mil años para Dios, el ciclo anual de las plantas, el ciclo diurno de las flores. Así se estrecha la vida del hombre en la meditación, porque el límite se presenta con intensidad.
Enséñanos a calcular nuestros días, para que adquiramos un corazón sabio. Sólo quien reconoce que su existencia en este mundo es una peregrinación que no dura muchos días podrá, realmente, dirigir sus pasos con lealtad hacia la posesión de los bienes definitivos, ahí donde la polilla no roe los vestidos ni el moho destruye los tesoros. Quien ha depositado su vida en el Señor sabe que cuando amanece nuestra existencia, iluminada por el Señor, se podrá vivir con alegría todos los días que Él nos conceda aún en los momentos más arduos, pues finalmente nos acompañará continuamente la bondad del Señor dándole prosperidad a las obras de nuestras manos. Que el Señor nos conceda que los bienes de la tierra no nos impidan alcanzar los del cielo
¿Sabemos florecer en el Señor?

Confesión de los pecados. Ira y pecado

7 ¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
8 Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
9 y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.
En Israel, toda desgracia era considerada como un castigo por los pecados: es el tema de la "cólera de Dios" que aparece en la parte central de este salmo. Jesús introdujo variaciones importantes a este tema capital. Desde luego es falso decir que todo sufrimiento es un castigo. Tal fue el sentido del libro de Job, el inocente... El sentido de la respuesta de Jesús a propósito del ciego de nacimiento: "Ni él, ni sus padres pecaron para que haya nacido ciego" (Juan 9,3). Sin embargo, el sufrimiento es una especie de advertencia de la fragilidad humana: ante el accidente de la torre que aplastó a los transeúntes, Jesús dijo: "si no os convertís, pereceréis todos" (Lucas 13,5), pero añadió: "aquellos que murieron, allá, no eran más pecadores que aquellos que por suerte escaparon" (Lucas 13,4).
¡Nuestros pecados! ¿Cómo los olvidaremos? ¿Por qué no orar a partir de ellos, en este salmo? Es cierto que son la prueba más profunda de nuestra debilidad. ¿Cómo podríamos quejarnos que el Dios santo escudriña inexorablemente "el mal", hasta los repliegues de nuestra conciencia, "cuyo secreto vergonzoso es desvelado ante la faz de Dios"? Dios realizó el combate contra el mal, por nosotros: Y después de la venida de Cristo, sabemos a qué precio: su cólera, no está contra los pecadores sino contra satanás. "Yo vine no para los justos, sino para los pecadores" (Mateo 9,13).
¿Reconocemos nuestras culpas y tratamos de convertirnos constantemente?

La fragilidad del hombre entendida en contra de la eternidad de Dios.
10 Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.
11 ¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Petición de misericordia para el pueblo
Dios no sólo es el Creador de todo, sino que con su Providencia conserva y dirige todo, para que todo encuentre en Él su plenitud. Nuestra vida, frágil y pasajera, puesta en las manos de Dios, colabora para que todo se realice conforme al Plan salvador de Dios. Para que todo realmente cobre su auténtica dimensión no podemos actuar en el mundo guiados por nuestros egoísmos, sino sólo por el amor que procede de Dios.
Iluminados y guiados por el Espíritu de Dios que habita en nosotros podremos ser ocasión de júbilo, y no de dolor, para los demás. Dios habita en nosotros para que, en su Nombre, podamos construir una sociedad más fraterna, guiada por el amor desde el principio hasta el final de la vida de cada uno de nosotros. Siendo y viviendo siempre fieles al Señor podremos contemplar cómo su Obra de Salvación llega a su cabal cumplimiento entre nosotros y, finalmente, participaremos de su Gloria eternamente.
¿Damos gracis a Dios por los años vividos?

C. Una oración a la luz de quien es Dios y cómo Él lidia con el hombre. Súplica
Orando por sabiduría.
12 Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Enséñanos significa que esta sabiduría debe de ser aprendida. No es automática. La mayoría de las personas viven con un poco consciencia de que la vida es corta y que sus días debieran de ser contados. Los jóvenes especialmente a menudo piensan que sus días no tienen fin y se esfuerzan poco en pensar en lo que está más allá de esta vida.
De todas las reglas de la aritmética esta es la más difícil —el contar nuestros días. Los hombres pueden numerar sus rebaños de bueyes y ovejas, pueden estimar las ganancias de sus fincas y granjas, pueden con un poco de dolor numerar y contar sus monedas, y aún están persuadidos que sus días son infinitos e innumerables y, por lo tanto, jamás comienzan a enumerarlos.”
¿Acogemos la Sabiduría de Dios en su Palabra?

13 Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
14 por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
¿hasta cuándo? es pregunta típica de la lamentación.
15 Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
16 Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
17 Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Una vez tocado el punto más bajo, el orante busca salir a flote rezando a Dios. Y lo hace en tres momentos imbricados. El primero: la aceptación resignada, sin ilusiones: es sensatez. El segundo es unos bienes que compensen las desgracias. El tercero es la fecundidad de la acción.
Este Salmo considera cuidadosamente el juicio de Dios. La respuesta de oración de dicha consideración es un ruego hacia Dios, por SU presencia, por Su compasión, y por Su misericordia – el hesedde Yahvéh, Su pacto real de amor.
El salmista entendió que la verdadera satisfacción no estaba arraigada en el dinero, la fama, el romance, el placer, o el éxito. Esta es satisfecha con la misericordia de Dios, Su bondad fiel y de pacto hacia Su pueblo.
Esta misericordia debe de ser buscada de mañana. No hay ninguna otra hora como aquella de la mañana para tener compañerismo con Dios. Si nos atrevemos a esperar delante de Él para tener satisfacción, entonces el ser llenado en esa hora sobre fluirá en las otras horas. La mañana es la hora propicia en que Dios escucha, en su templo. Él puede llenar la vida breve de alegría y de júbilo,
Esta vida humana es capaz de otra plenitud: el contemplar la revelación de Dios en el tiempo. El tiempo queda lleno de la acción de Dios y el que lo contempla se llena del misterio. Además Dios envía su favor y da plenitud a nuestras empresas humanas. Llenos de esta plenitud divina, nuestros trabajos y nuestros días, parecen superar el tiempo y nosotros salimos de la meditación con esperanza.
El verdadero cambio ha de suceder por una acción divina, que el hombre puede sólo suplicar. Y es que la única cosa que asegurará una alegría de por vida es un corazón satisfecho con la experiencia del amor de Dios. Esto significa que nada podrá satisfacer finalmente el corazón humano excepto Dios.
Quienes aprenden la sabiduría divina deben orar por la instrucción divina, deben implorar que el Espíritu Santo les enseñe; y por el consuelo y el gozo en las retribuciones del favor de Dios. Oran por la misericordia de Dios, porque no pretenden alegar méritos propios. Su favor será una fuente plena de goces futuros. Será una compensación suficiente por las penas anteriores. La gracia de Dios en nosotros produzca la luz de las buenas obras. Las consolaciones divinas pongan alegría en nuestros corazones y resplandor en nuestro semblante. La obra de nuestras manos confirma; y para eso, confírmanos en ella. En lugar de desperdiciar nuestros preciosos días pasajeros persiguiendo fantasías, que dejan a los poseedores por siempre pobres, busquemos el perdón de pecados y una herencia en el cielo. Oremos que la obra del Espíritu Santo pueda manifestarse en la conversión de nuestro corazón y se vea en nuestra conducta la belleza de la santidad.
El aspecto final de la bendición por la cual oró el salmista fue por la permanencia de la obra del pueblo de Dios. Sin esta bendición, nuestra obra y su efectividad pasan rápidamente y son de poco impacto.
¿Practicamos la alegría de ser cristianos, de sabernos atendidos por el Señor?