17/03/2026 “Al vivir el Evangelio de Jesucristo, desarrollamos en nuestro interior una fuente viviente que satisfará eternamente nuestra sed de felicidad, de paz y de vida eterna.”

¡BUENOS DÍAS NOS DÉ DIOS! 17 MARZO 2026
“Al vivir el Evangelio de Jesucristo, desarrollamos en nuestro interior una fuente viviente que satisfará eternamente nuestra sed de felicidad, de paz y de vida eterna.”

Debido al clima árido de Palestina, las fuentes se consideran con frecuencia símbolos del poder vivificador de Dios. Por eso, a veces en las inmediaciones de una fuente se erigía un santuario. En la visión de Ezequiel, este poder de vida nueva mana del zaguán del mismo templo y fluyen hacia oriente, por donde regresó la Gloria del Señor a morar en medio del pueblo vuelto del destierro. Al principio, es un pequeño arroyo de agua insignificante, comparado con los grandes ríos mesopotámicos, pero va creciendo cada vez más y más hasta convertirse en un río navegable.
Es sugestivo el contraste entre la medida exacta y calculada siempre igual por el ángel y el crecer sin medida del agua, cuyo poder debe experimentar el profeta en su cuerpo. A él se le revela la extraordinaria fecundidad y eficacia de la fuente: llena de vegetación el territorio, sana el mar Muerto, hace que abunden los peces y que prosperen las gentes; los árboles frutales dan cosechas extraordinarias: el agua que viene de Dios sana y fecunda la tierra que recorre.
El Nuevo Testamento recogerá y llevará a plenitud la simbología: Jesús es el verdadero templo del que brota el agua viva del Espíritu (Jn 7,38; 19,34) por medio de la regeneración con esta agua vivificante y medicinal (Jn 3,5).
Primera lectura Ez 47,1-9.12
Los torrentes son en el A.T. símbolo de la vida que Dios da, especialmente en los tiempos mesiánicos
Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: - «¿Has visto, hijo de Adán?» A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: - «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»
1 El profeta Ezequiel fue de los desterrados a Babilonia en el primer grupo, y allí estuvo durante todo el destierro, reprochando antes la indeseable conducta del pueblo y después la esperanza del regreso.
2 Describe, al final de su libro, el nuevo templo, el nuevo culto y el nuevo Israel. En esta parte del nuevo Israel el Espíritu Santo queda figurado por el manantial de agua viva, expresión tan querida por Jesús, que da vida a su paso, y se dirige hacia el Mar Muerto, en figura de la sanación.
3 El agua en aquellas tierras tan secas era vida, así el último versículo de hoy da cuenta de la creación de vida que se produce “gracias a esa agua que viene del santuario”, en figura similar a lo expresado por Jeremías (Jr 17, 8) y en el Salmo 1.
4 El agua es fuente de vida. Cuando los científicos piensan en Marte y otros planetas, su primera pregunta es si allí hay agua, porque si hay agua hay vida. El agua de la que nos habla el profeta Ezequiel, que brota del templo, allí donde llega produce efectos beneficiosos. Es capaz de sanar el mar de aguas pútridas. “Habrá vida donde quiera que llegue”, y peces en abundancia, y tierras donde crecerá toda clase de frutales, y campos que den cosechas cada luna, y...
5 Esta agua de la primera lectura, nos remite al diálogo de Jesús con la Samaritana, al pie del pozo de Jacob. Jesús que, en el primer momento, le pide a ella: “dame de beber”, acaba ofreciéndole un agua especial, un agua viva. “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice: dame de beber, tú le pedirías a él, y él te daría a ti agua viva”. Pidamos a Jesús que nos dé de esa agua, que es él mismo, que se hará en nosotros “una fuente que salte hasta la vida eterna”.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios: la ciudad de Dios es Jerusalén, llamada así por estar en ella su morada, como se dirá en seguida, o su templo. El tema de la ciudad de Dios y la misma expresión son muy bíblicos, desde Isaías y David, Tobit y Judit, a la compleción conceptual de la Jerusalén nueva, terrestre (Hb 12,22) y celeste (Ap 3,12). El correr de las acequias: puede entenderse como imagen paradisíaca de la gracia y los dones divinos, que brotan principalmente de la presencia de Dios en el templo y entre su pueblo (Is 30,25; Ez 47,1-12; Ap 22,1-2). Quizá mejor, sin metáfora, deba explicarse esta frase de un hecho histórico, que sería la gran obra hidráulica realizada por Ezequías cuando introdujo en Jerusalén las aguas de la fuente Guijón por medio de su famoso canal subterráneo. La impresión del cronista en el libro de los Reyes ante tan magna obra (2 Re 20,20) queda sublimada en el salmo, en que se atribuye la corriente, que da consuelo y alivio, a la protección de Yahvé.
Salmo 46,2-3.5-6.8-9:
Dios está en medio de la ciudad, en medio de su pueblo
El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe.
“Sí, el Dios del universo, el Dios que hizo surgir el cosmos con millares de soles, es también quien escogió este pequeño pueblo, Jacob su bien amado... e hizo brotar, sencillamente, la fuente de Siloé que corre "alegremente", irrigando aquella ciudad, Jerusalén. Otras ciudades son amadas de Dios, pero sólo hay una en la cual ocurrieron acontecimientos únicos para la humanidad entera: para la paz universal... Una ciudad-fuente.” (Noel Quesson)
Tenemos en el Salmo la reafirmación de lo que nos dice el profeta en la primera lectura. “el río, sus brazos, alegra la ciudad de Dios”.
Te rogamos, Señor, que nos permitas gozar de esa agua viva que Tú nos das con tanta largueza, que sepa buscarla y encontrarla, y, al mismo tiempo, llevarla a otros que la necesiten.
Te alabamos y te bendecimos, Señor, por todas esas obras que has realizado en la tierra, y te rogamos que el fin de las guerras que hoy invaden la tierra tenga pronto lugar.
Dios está con nosotros. ¡No lo olvidemos!, ¡Tengámoslo presente! ¡Compartámoslo!, sin fundamentalismos, sin egoísmos.

Jesús, salvación de Dios, decide atravesar los soportales de miserias humanas que se reúnen junto a la piscina de Betesda, en Jerusalén. Allí se encuentra con una en particular. Su palabra se dirige a ese pobre paralítico que lleva enfermo treinta y ocho años, casi toda su existencia. Después de tan larga espera, ¿qué puede pedir de bueno a la vida?
La pregunta aparentemente obvia de Jesús despierta la voluntad de este hombre y, por un simple mandato, recobra la fuerza: carga con su camilla, compañera de tantos años de enfermedad, y camina llevándola consigo como testimonio de su curación. Jesús renueva la vida, cosa que no podrían hacer los ritos supersticiosos, ni siquiera la Ley: quien se queda bloqueado en su interpretación literal, en la rigurosa observancia del sábado, es un paralítico del espíritu, un ciego de corazón. A diferencia de aquel enfermo, no quiere curarse y su rigidez se convierte en hostilidad.
En el templo, Jesús se encuentra con el hombre curado y le dirige la palabra clara y exigente, de la que se desprende que hay algo peor que 38 años de parálisis: el pecado, con sus consecuencias. Jesús no quiere renovar la vida a medias: si no se nos libera de las ataduras del pecado, de nada nos sirve que se nos desentumezcan los miembros. Es una libertad por la que debemos optar cada día: "¿Quieres quedar sano?... No peques más".
Evangelio Jn 5,1-3.5-16
La salvación no se adquiere por medios mágicos, como el correr del agua, sino mediante un encuentro personal con el Señor
Al momento aquel hombre quedó sano.
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Bethesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
«¿Quieres quedar sano?» El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.» Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.» Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.» Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.» Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?» Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
1 Varios son los mensajes que podemos ver en este trozo del Evangelio.
2 En primer lugar, el genérico de los milagros que nos invitan a ver en ellos un signo de la presencia de Dios.
3 Por otra parte, en el caso de hoy podemos ver que la curación en la piscina es la figura de lo que sucede cuando nos bautizamos, existiendo, además, una relación profunda entre el milagro, la fe y la conversión.
4 El: “no tengo a nadie que me meta en el agua”, revela que el hombre solo no puede salvarse; la comunidad es vehículo muy adecuado para la salvación terrena y a partir del paso al Señor.
5 Por último, al realizar la curación en sábado, Jesús vuelve a poner de manifiesto que, si bien el día festivo es principalmente para alabar al Señor, la alabanza al Señor puede tener su mejor expresión en la atención al prójimo.
6 Claro que los “envidiosillos” siempre andarán rondando a ver “lo que pueden hacer y decir en contra”.
7 Dice el Papa Francisco: “El verdadero discípulo del Señor se compromete personalmente en un ministerio de la caridad, que tiene como dimensión la variedad y la pobreza inagotable del hombre. No es un ministerio excepcional u ocasional, sino fundamental, en el que la Iglesia se identifica, ejercitándolo cotidianamente. Asimismo, cada día, todos estamos llamados a convertirnos en "caricia de Dios" para que aquellos que quizá hayan olvidado las primeras caricias o que quizá nunca en su vida han sentido una caricia. Les exhorto a continuar siendo signo visible de la caridad de Cristo tanto hacia los que se encuentran en necesidad material o espiritual.” (Cf. S.S. Francisco, 31 de octubre de 2013, homilía en la capilla de Santa Marta).
8 Un día más, el evangelio nos plantea la cuestión del sábado. Para los judíos no respetar lo que estaban indicado por la Ley en sábado era ir directamente contra Dios. Jesús, en varias ocasiones, desmontó esta mentalidad. No hay ley humana, ni ley divina que impida hacer el bien, que no deje hacer el bien a una persona humana. No se puede amar a Dios si no se ama al hombre. Algo que no acabaron de entender ciertos judíos que “acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado”.

MEDITACIÓN, ¿QUÉ DICE?.- El agua del Bautismo debe de impregnar nuestra vida de Espíritu Santo, del Espíritu del Señor, cuidando los padres y padrinos de que el niño crezca en el Señor, en la realidad de su amor, inmerso en su Reino, es decir, en la verdad, la justicia, la igualdad... . Ciudad-fuente, curioso apelativo que encuentro en los comentarios; curioso, pero muy elocuente: riega, fertiliza, hace crecer...

¿QUÉ NOS DICE?. - ¿Celebramos los bautizos de nuestros hijos y nietos en la idea de su vida espiritual llena del Señor? O bien, ¿nos centramos en el trajecito y en la celebración laica posterior... que, por supuesto, también debe de existir? ¿Somos nosotros fuentes de alegría, muestra del Espíritu del Señor que obra en nosotros? ¿De verdad nos creemos que Dios es nuestro refugio y fortaleza? Entonces... .

LA ORACIÓN.- Señor, en este día, queremos aprovechar al máximo estos momentos de contacto que tenemos contigo. Hazme sentir tu presencia amorosa, no con los sentimientos, sino con un verdadero espíritu de fe. Señor, Tú estás con nosotros, guía nuestros pasos y sánanos de nuestras flaquezas. Danos unos ojos nuevos que perciban tu amor en todos los momentos de nuestra existencia. Te lo pedimos, Señor

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA DILEXI TE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV SOBRE EL AMOR HACIA LOS POBRES
Aún hoy, dar 115. Es bueno dedicar una última palabra a la limosna, que hoy no goza de buena fama, a menudo incluso entre los creyentes. No sólo no se practica, sino que además se desprecia. Por un lado, confirmo que la ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida más acorde a su dignidad, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal. El hecho es que «la falta de trabajo es mucho más que la falta de una fuente de ingresos para poder vivir. El trabajo es también esto, pero es mucho, mucho más. Trabajando nosotros nos hacemos más persona, nuestra humanidad florece, los jóvenes se convierten en adultos solamente trabajando. La Doctrina Social de la Iglesia ha visto siempre el trabajo humano como participación en la creación que continúa cada día, también gracias a las manos, a la mente y al corazón de los trabajadores». Por otro lado, si aún no existe esta posibilidad concreta, no podemos correr el riesgo de dejar a una persona abandonada a su suerte, sin lo indispensable para vivir dignamente. Y, por tanto, la limosna sigue siendo un momento necesario de contacto, de encuentro y de identificación con la situación de los demás.



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