12/10/2026 HOY CELEBRAMOS LA FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR
BUENOS DÍAS NOS DÉ DIOS! 12 OCTUBRE 2026
HOY CELEBRAMOS LA FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR
Se dedicaban a la oración en común con María
El libro de los Hechos de los Apóstoles presenta la mejor imagen de la comunidad cristiana de Jerusalén. Jesús ha dejado a los suyos al subir a los cielos, y éstos regresan a casa. Lo que se nos dice de tal comunidad obedece a algo más que a una operación de imagen o un relato de un grupo idealizado; sobre todo, nos desvela el fondo creyente y teológico de aquellos primeros seguidores del Maestro. Los Once son el grupo inicial al que se asocian mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús. Comunidad de hombres y mujeres, a diferencia de la sinagoga judía donde no tenían cabida las mujeres, y Lucas no silencia este significativo dato no solo para constatar el hecho, también para conocimiento y enseñanza de sus lectores. Más tarde, el texto nos traslada la actividad de esta primera comunidad de Jerusalén, pero está claro que su quehacer cuenta con la necesaria intendencia de la oración común, la docilidad del Espíritu de Jesús para ser testigos del resucitado en todos los ámbitos humanos.
Primera lectura Hch 1,12-14
La oración en comunidad es motivo de unión y de acción de una comunidad viva
Se dedicaban a la oración, junto con María, la madre de Jesús.
Después de la ascensión de Jesús a los cielos, los apóstoles regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que dista de la ciudad lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron al piso alto de la casa donde se alojaban: Pedro y Juan, Santiago, Andrés, Felipe, y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago (el hijo de Alfeo), Simón el Cananeo y Judas, el hijo de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la madre de Jesús, con los parientes de Jesús y algunas mujeres.
1 La observación del evangelista sobre la distancia que las leyes judías permitían recorrer en sábado nos da idea de las normas farisaicas que Jesús critica en otras partes del Evangelio. ¿Ha promulgado la Iglesia demasiadas normas que coartan la libertad y no añaden nada a nuestra fe?
2 El libro de los Hechos nos muestra la primera comunidad de oración, reunidos en una sala de una casa. Es importante nuestra oración en el grupo de amigos, reunidos en nombre del Señor; y ya sabemos que “donde dos o tres están reunidos en mi Nombre...”.
2 Apóstoles, amigos, familiares de Jesús, forman juntos una comunidad de oración, comparten los mismos recuerdos y la misma esperanza. La iglesia es siempre también una comunidad de oración, sobre todo cuando se reúne para celebrar la eucaristía.
3 En oración y con María, los discípulos esperan la venida del Espíritu Santo que “pondría en marcha” la Iglesia de Jesús. Otras mujeres están también presentes en esta espera.
4 Si nuestras reuniones obedecen simplemente a un compromiso social, o a una obligación “impuesta bajo pena” y nos reunimos sólo para cumplir esa obligación, no podremos esperar que descienda sobre nosotros el Espíritu Santo que todo lo renueva y no tiene que ver nada con los convencionalismos y la rutina.
5 Una comunidad de oración es una comunidad de hombres libres. No se puede orar por obligación, como no se puede amar o esperar por obligación.
Las imágenes usadas para describir a los adversarios, los cuales constituyen el signo del mal que contamina la historia, son de dos tipos. Por un lado, parece que hay una imagen de caza feroz: los malvados son como fieras que avanzan para atrapar a su presa y desgarrar su carne, pero tropiezan y caen (v. 2). Por otro, está el símbolo militar de un asalto, realizado por un ejército entero: es una batalla que se libra con gran ímpetu, sembrando terror y muerte (v. 3).
La vida del creyente con frecuencia se encuentra sometida a tensiones y contestaciones; a veces también a un rechazo e incluso a la persecución. El comportamiento del justo molesta, porque los prepotentes y los perversos lo sienten como un reproche. Lo reconocen claramente los malvados descritos en el libro de la Sabiduría: el justo «es un reproche de nuestros criterios; su sola presencia nos es insufrible; lleva una vida distinta de todos y sus caminos son extraños» (Sb 2,14-15).
Sal 27,1.3.4.5:
La eternidad empieza en esta vida terrena, alumbrados por la luz del Señor
El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado.
El Señor es mi luz y mi salvación;
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida;
¿quién me hará temblar?
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra, me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo.
El me protegerá en su tienda el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca.
Mi esperanza está en Ti, Señor, ayúdame a irradiar esa luz y esa salvación a todo el mundo que me rodea, sin miedo a aquellos que se creen poderosos y que pueden acallar mi voz, sabiendo que mi vida está en tus manos y que nunca moriré, porque en mi hora tu me llevarás al país de la vida, a la culminación de mi vida a tu lado. ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, porque iluminas nuestra vida en los momentos de ansiedad y de peligro y nos salvas de las situaciones comprometidas, llevándonos por la senda de la justicia.
Gracias, Señor, porque con la defensa que haces de nuestra vida nos sentimos capaces de llevar a cabo esa misión que nos has encomendado, y de hacerlo de forma discreta y eficaz, sin aspavientos ni gritos, sin imposiciones ni amenazas
Gracias, Señor, porque no permites que las tentaciones, las ofertas de poder o dinero, las lisonjas y alabanzas, nos lleven a equivocar la senda que Tú nos señalas
Gracias, Señor, porque nuestro corazón permanecerá tranquilo, seguros en la esperanza de la intervención divina salvadora.
Te alabamos y te bendecimos, Señor, porque siempre encuentro en Ti esperanza de salvación, ánimo para recorrer los avatares de esta vida y protección en todo caso.
Te rogamos que nos des con continuidad ese Espíritu Santo que es el respaldo de tu Iglesia, de forma que pueda llevar a buen término mi labor de evangelización
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios, y la cumplen
A buen seguro que la relación de Jesús con su madre María haría de ésta una mujer más que feliz. La escena que nos traslada el texto evangélico, no obstante, afirma que los auténticamente felices son aquellos que, en perseverancia, acogen la Palabra y se afanan en su escucha. ¿Jesús rechaza o silencia el elogio de su madre? Jesús se siente ufano por lo que su madre dice o puede decir de él; pero lo ubica en su correspondiente lugar. María es la creyente por antonomasia (¡Dichosa tú porque has creído!), porque ella fue la primera que acogió la Palabra, le dio cobijo y vida. No cabe duda que la persona de Jesús tenía un indudable atractivo, bien por la autoridad de su Palabra, bien por el encanto seductor de su mensaje y persona. Tal atractivo provocaba no poca admiración en el pueblo sencillo que, en sus palabras, captaba una buena noticia para su vida sin horizonte. Una mujer, en nuestro texto, se hace portavoz del sentir de los escuchas de Jesús. El resultado es que la acogida de la Palabra genera en nosotros un nuevo parentesco con Jesús de Nazaret que nos habilita, a su vez, en ser mensajeros de la Buena Noticia de la salvación. En este sentido, María es obligado referente de la comunidad de seguidores de Jesús.
¿Cuida la comunidad los momentos necesarios de escucha de la Palabra, indispensables para la posterior evangelización y catequesis?
Evangelio Lc 11,27-28
La escucha de la Palabra conlleva la oración de unión con el Señor y con la comunidad
Dichoso el vientre que te llevó.
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero él repuso: Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!
1 María, su madre, era -para Jesús- más grande por encarnar en su vida la voluntad del Padre que por haber ofrecido su carne y sangre para que el Hijo de Dios se encarnase.
2 Presenta a María como modelo para la vida de las comunidades.
3 María es modelo para la Iglesia. Y sobre todo en la manera de relacionarse con la Palabra de Dios Lucas ve en ella el ejemplo para las comunidades.
4 María nos enseña cómo acoger la Palabra de Dios, cómo encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarnos plasmar por ella, aún cuando no la entendemos o cuando nos hace sufrir.
5 La escucha de la Palabra, ¡qué importante! Vemos cómo Jesús la ensalza en este Evangelio; la escucha es nuestra comunicación con el Señor.
6 Leemos, meditamos y oramos; los espíritus más elevados llegan a la contemplación. La alabanza que la mujer hace de la Virgen es también de tener en cuenta.
LA MEDITACIÓN, ¿QUÉ DICE?: Debemos estar preparados para ir al Señor, al que tenemos que alabar, entre otras cosas con nuestra alegría. La Escucha de la Palabra nos acercará a Él. La promesa de la venida del Espíritu Santo e hizo realidad en al incorporación de Jesús al Padre, y vino para quedarse: la escucha de la Palabra de Dios nos puede hacer conscientes de su presencia. La lectura diaria de la Palabra y su meditación nos permitirá andar por el mundo alegres y confiados, proclamando sin reparos ni respetos humanos la presencia del Señor entre nosotros
¿QUÉ NOS DICE?: ¿Conseguimos descubrir la Palabra viva de Dios en nuestra vida? ¿Cómo vivimos la devoción a María, la madre de Jesús? ¿Conocemos los dones del Espíritu Santo?
LA ORACIÓN: Padre de Sabiduría, a ejemplo de María, que guardaba en su corazón los gestos y las palabras de Jesús, concédenos saber guardar tu palabra en un corazón puro y Tú nos has dado en la Virgen María una madre, haz que, de palabra y de obra, vivamos como verdaderos hijos suyos. Te lo pedimos, Señor
CARTA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS DEL SANTO PADRE LEÓN XIV SOBRE LA CUSTODIA DE LA PERSONA HUMANA EN EL TIEMPO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
103. Confiar, en la práctica, a un algoritmo el poder de seleccionar quién es digno y quién no, sin que nadie asuma el peso de la decisión, significa encomendarle la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas. Lo que disminuye, en este proceso, no es sólo la empatía hacia el excluido, que puede ser imitada artificialmente, sino la responsabilidad política, porque el descarte de los débiles queda revestido de una neutralidad y una objetividad ante las cuales es imposible protestar. Y, de ese modo, la injusticia se realiza silenciosamente y la compasión, la misericordia y el perdón, no como simple apariencia, sino como gestos políticos, desaparecen del horizonte.

