13/10/2026 Las apariencias no son actitudes muy cristianas

BUENOS DÍAS NOS DÉ DIOS! 13 OCTUBRE 2026
Las apariencias no son actitudes muy cristianas

La esperanza que aguardamos es obra del espíritu
Cuando observamos la realidad vemos cómo con el paso del tiempo se repiten muchas historias: la vuelta de formas de pensar que creíamos caducas recuperan un auge en la sociedad. En ellas vemos ideologías y totalitarismos; pero, siempre con componentes nuevos, y por razones, casi, parecidas, pero no del todo.
Es lo que se encuentra San Pablo en la comunidad de los Gálatas: ideas judaizantes que son encorsetadas en una comunidad de cristianos helenos que no conocían el judaísmo. Ahora trata el tema de la circuncisión. Y les hace ver qué sentido tiene volver a la esclavitud si Cristo nos ha liberado. Si se quieren circuncidar tendrán que cumplir la ley. Pero, eso sería volver atrás. Y ¿quién quiere volver atrás? Si se nos ha liberado del pecado y la esclavitud con la muerte de Cristo en la cruz, y se nos ha ofrecido la reconciliación una vez para siempre ¿para qué volver atrás?
Nadie puede desandar los pasos que da en la vida, se podrán tomar otros caminos, otras veredas y otros atajos, pero el camino ya tiene su recorrido y su experiencia, nada queda igual, ni el camino, ni tú. Todo ha cambiado.
San Pablo, nos hace caer en la cuenta que lo vivido en la comunidad de los Gálatas, el camino recorrido y el Evangelio predicado tiene un nombre propio, que le da una identidad, un ser significativo: La esperanza que aguardamos es obra del Espíritu Santo.
Primera lectura Ga 5,1-6
Los ritos rutinarios “obligatorios” sirven de poco al cristiano
Da lo mismo estar circundado o no; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.
Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Mirad lo que os digo yo, Pablo: Si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada. Lo afirmo de nuevo: El que se circuncida tiene el deber de observar la ley entera. Los que buscáis ser aceptados por Dios en virtud de la ley, habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia. Para nosotros, la esperanza del perdón que aguardamos es obra del Espíritu, por medio de la fe, pues, como cristianos, da lo mismo estar circuncidado o no estarlo; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.
1 En días anteriores hemos meditado las consideraciones de Pablo en cuanto a la relación entre la Ley y la fe
2 Ahora Pablo pasa a analizar las consecuencias de sus argumentos, tomando como fondo que es necesario elegir: o judíos o cristianos, circuncisión o Cristo (¿ritos o obras?)
3 La primera consideración es tajante: Cristo nos ha liberado, nos ha hecho libres. El está en el mundo, está entre nosotros, nos acompaña... pero no nos “somete”, obramos en la libertad que ya nos había dado el Padre.
4 Por eso dice “de nuevo”, porque el judío, el pueblo elegido, el pueblo de la alianza, al que el Señor había dado unos mandamientos que le deberían de conducir a la felicidad, había creado una serie de normas, obligaciones “emanadas” de aquellos mandamientos, eliminando su libertad.
5 Y eso lo incluyen en la Ley; por eso Pablo argumenta para reconducir la situación, consecuencia de la presencia del Hijo, hacia una fe, que trae consigo la esperanza en el Señor y que nos lleva a un amor liberador, que dará sus frutos en obras
6 Es decir, y esto es muy importante para el cristiano de hoy en día, que lo único que vale es la fe por medio de la caridad. No una fe muerta, inactiva, sino una fe que ha de ir acompañada por obras, realizadas a impulsos del amor

Nos agarramos a la promesa de alianza que el Señor hizo a nuestros antepasados, que animó la fe de Abraham, la fe inquebrantable que para nosotros deseamos, la fe que ve su mano en nuestra vida, que nos salva y nos hace participes de la vida eterna desde que nacemos.
Sal 119,41.43.44.45.47.48
La voluntad del Señor está en la ayuda al prójimo necesitado
Señor, que me alcance tu favor.
Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación, según tu promesa.
No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos.
Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás.
Andaré por un camino ancho,
buscando tus decretos.
Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo.
Levantaré mis manos hacia ti,
recitando tus mandatos.
Nos agarramos, Señor, a tu promesa, a la promesa de alianza que hiciste a nuestros antepasados, que animó la fe de Abraham, la fe inquebrantable que para nosotros deseamos, la fe que ve su mano en nuestra vida, que os salva y nos hace participes de la vida eterna desde que nacemos.
Claro que sabemos, Señor, que esa fe nace del cumplimiento de tus mandamientos, cuyo único propósito es hacernos más felices, haciendo felices a los demás.
Porque esa voluntad tuya está centrada en el amor. En el amor a Ti, contemplando tu creación y meditando tu Palabra, y en el amor a nuestro prójimo, tratando de comunicarle tu bondad y tu fidelidad
Y ese será siempre un camino ancho, una buena autopista, no exenta de peligros y sinsabores, pero siempre amparados por tu santo brazo.
Así que no me quedará más remedio que levantar mis brazos en actitud de adoración a Ti, Señor, que tanta generosidad has empleado y empleas con este rebaño que pretende seguir en todo a su Pastor.
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¿Gozamos del favor del Señor? ¿Sabemos qué es eso? ¿Podríamos explicarlo?
Y la salvación, ¿Es de este mundo, del más allá, o de ambos?
¿Somos sinceros con nosotros mismos o nos consideramos “católicos de toda la vida” y con eso ya estamos satisfechos?
¿Consideramos los mandamientos como una pesada carga o como algo que permite la vida en común y facilita la libertad del género humano?
¿Consideramos que la voluntad de Dios es algo a seguir con confianza o por el contrario la vemos autoritaria o demasiado exigente?
¿Vemos nuestra vida caminando en la senda del Señor, un camino de libertad, un modo de vida que Jesús nos ha enseñado?
Aunque nuestra adoración corporal no sea nuestro fuerte, ¿sabemos adorar al Señor en la gloria que nos refleja?

Cuando veo personas, laicos y sacerdotes, mezclados entre disputas sobre la pureza de costumbres, enredados por cómo se ha de celebrar la Eucaristía, y enredados entre las normas litúrgicas; o a obispos en contra del Papa por cómo está renovando a la Iglesia, olvidando el mensaje de Cristo, y de san Pablo que, en esta ocasión, nos dice: “lo que importa es la práctica del amor”, termino preguntándome: ¿cuál es la esperanza que aguardamos? ¿Para qué volver al pasado? Lo más importante es llenarme de lo nuevo que el Espíritu Santo nos otorga y ofrece como un don que renueva mis fuerzas para el camino de amor que he de practicar.
Jesús lo dice más claro al fariseo que le invita a comer en su casa, y observa que no se lava las manos, es decir, que no cumple con el rito de lavarse las manos antes de ir a comer: Lo que hay que limpiar es lo que está dentro del hombre, el pensamiento y el corazón donde la maldad anida.
Evangelio Lc 11,37-41
La limosna “de lo de dentro” implica tiempo, paciencia, compartir...
Dad limosna, y lo tendréis limpio todo.
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. El entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.
1 Con esta censura a los fariseos, Jesús expresa la misma idea que Pablo en la primera lectura. La norma no puede ser más importante que el amor; el “paripé” (que se decía cuando yo era pequeño) no puede sustituir a la convicción interior
2 El uso rabínico de lavarse las manos, platos, hasta purificar los asientos para no contraer alguna impureza "legal," no era precepto de la Ley, sino que procedía de la tradición de los antiguos rabinos. Este hecho de Cristo en este banquete, al que le había invitado un fariseo, probablemente con curiosidad o pretexto de espionaje, da lugar, literariamente al menos, a estas censuras de Cristo
3 Jesús les viene a decir que deben de purificarse con buenas obras, que han de salir de su corazón en el amor a los demás.

LA MEDITACIÓN, ¿QUÉ DICE?: La fe cristiana no puede reducirse a un conocimiento de normas y un mero cumplimiento de las mismas, siempre con sentido de obligación bajo castigo por incumplimiento. Nuestra fe es símbolo de libertad, nos llena de la esperanza en el Señor y nos debe de impulsar a las buenas obras, obras que no se quedan en una limosna casi “impersonal”, sino que llevan consigo la atención a la persona necesitada, a la amistad con el más humilde.

¿QUÉ NOS DICE?.- ¿Nos sentimos libres en nuestra vida cristiana, o encorsetados por normas y ritos? ¿Somos conscientes de esa libertad y la empleamos que ser felices ayudando a aquellos que más necesitan de nosotros? ¿Alabamos y bendecimos al Señor alguna vez en nuestra oración cotidiana? ¿Somos capaces de darnos a aquel que nos necesita, o nos perdemos exigiendo el cumplimiento de la norma?

LA ORACION.- Dios y Padre de nuestro Salvador Jesucristo, te damos gracias porque, por mediación de tu Hijo, nos has dado la sabiduría y la inmortalidad. Concédenos un corazón humilde, para que seamos sumisos unos a otros con respeto cristiano. Derrama tu Espíritu en nosotros, tus siervos, para que nuestra caridad fraterna no sea una farsa. Tú que has dispuesto que el hombre dominara el mundo con su esfuerzo, haz que nuestro trabajo te glorifique y santifique a nuestros hermanos. Te lo rogamos, Señor

CARTA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS DEL SANTO PADRE LEÓN XIV SOBRE LA CUSTODIA DE LA PERSONA HUMANA EN EL TIEMPO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
104. De esto se deriva una consecuencia sencilla pero apremiante: no podemos considerar a la IA como moralmente neutra. En realidad, todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones. Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, no es un simple instrumento que “hay que usar correctamente”; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona. Por eso, el discernimiento ético no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse también sobre el modo en el que está diseñado y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guían.

 



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