04/10/2026 Dominical La palabra de Dios no puede ser comprendida si Dios mismo no abre el corazón
Dominical: El punto de vista de un laico
Escuchar LA PALABRA; meditar LA PALABRA; actuar según LA PALABRA
V e r ; j u z g a r ; a c t u a r
DOMINGO VIGÉSIMO SÉPTIMO DEL TIEMPO ORDINARIO (ciclo A) (04 octubre 2026)
(Is 5, 1 - 7; Sal 80, 12 – 16. 19 – 20; Flp 4, 6 – 9; Mt 21, 33 – 43)
“Por sus frutos los conoceréis”. Los textos de este domingo nos sitúan en esa clave. Somos como un viñedo plantado con cariño y esmero por la mano de Dios. De nosotros espera buenos frutos. Pero no siempre cuando llega la hora de recolectar, encuentra Dios buenas uvas. Lamentablemente los frutos, nuestros frutos, no siempre son los esperados.
Vivir nuestra vida alimentándola de todo lo que hay de verdadero, justo y noble, de lo que en el camino de la vida encontramos de bondad y auténtica alegría, nos ayudará a dar los buenos frutos. Escuchar a las voces de los auténticos testigos, aquellos que son amigos de Dios, nos orientará.
Si, además, nos toca cuidar de la viña plantada por Dios, nos vendrá bien no olvidar que somos sólo viñadores, cuidadores, servidores del Pueblo de Dios, compañeros de camino, que apuntan con su vida a aquel que es el dueño de la viña: Dios mismo
La palabra de Dios no puede ser comprendida si Dios mismo no abre el corazón
La primera lectura de este domingo es una de las composiciones de más envergadura profética para hablar al pueblo y del pueblo. El gran maestro de la profecía de Judá y Jerusalén (s. VIII a. C.) comienza por este poema, canto o trova, a meterse de lleno en las entrañas de esa comunidad del pueblo elegido para poner sobre la mesa los sentimientos de Dios, sus profundas entrañas de búsqueda del pueblo amado. A pesar de la artificialidad con que en los cantos se eligen palabras y símbolos, en el caso del profeta no se trata de simple poesía, porque la poesía es sentimiento puro, y en Isaías, teología pura.
Este es el canto del amigo (se entiende que es el profeta), como cuando se habla del amigo del esposo, que canta un canto de amor. El amigo -"esposo de la viña"- ha mimado la viña: con lo que se expresa todo lo que Dios ha hecho con el pueblo elegido desde que lo liberó de Egipto y se hizo con él una Alianza. Puede resultar extravagante que el amigo tenga por esposa una "viña", pues eso es lo que hay que precisar en primer lugar. Una viña no puede tener sentido si no fuera porque es el "símbolo" de un amor verdadero, ¡cómo aman y miman los campesinos sus viñas! La imagen está lograda hasta el punto que la artificialidad logra su cometido. El pueblo de Israel, pueblo de origen pastoril, errante, esclavo, llega a sedentarizarse en un lugar, en una tierra, que es un don, y plantan viñas y huertas. ¡Así es de verdad la libertad campesina! La identificación entre el pueblo y la viña es patente.
¿Qué más puede hacer un Dios por un pueblo? ¿Qué ha sucedido para que la viña no produzca buen fruto? Para entender todo eso debemos leer el libro de Isaías desde el comienzo hasta este momento, porque ahí describe el profeta lo que ha pasado: buscan otros dioses, buscan en la naturaleza y la fertilidad lo que viene de Dios; los poderosos han implantado la injusticia; Jerusalén, centro de la religión, no cuida de los desgraciados, de los huérfanos, de las viudas; la ciudad vive del soborno y el robo de unos pocos que se enriquecen. Antes, errantes, peregrinos por el desierto, probablemente eran más solidarios. Los sufrimientos compartidos, solidarizan. Pero las cosas han cambiado.
El poema de la viña es la expresión poética de lo que se ha descrito previamente con palabras más duras. Pero no olvidemos, como dice el profeta, que este es un canto de amor. Es la forma que Dios tiene, por medio de su amigo el profeta, de hablar al corazón del pueblo, como la amada al amado. Es decir, esto se afirma, se expresa, porque se ama de verdad y porque se espera una respuesta. Hay reproches, incluso amenazas, porque si la persona amada no responde ¿qué puede suceder? Las viñas se cortan y se plantan otras cosas.
Primera lectura Is 5,1-7
Buenas uvas tuvimos este año en Mugardos; debemos ser capaces de dar buena cosecha cristiana
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel.
Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor del universo es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.
1 El profeta, para captar la imaginación popular, se presenta ante el pueblo como un rapsoda que va a cantar en forma rimada y parabólica las relaciones amorosas entre Dios e Israel; y quizá la ocasión del cántico fuese la celebración de las fiestas de la vendimia en otoño, cuando cundía el bullicio popular en la fiesta de los Tabernáculos, que cerraba la época de recolección de frutos, con la acción de gracias a Dios por ello por las lluvias otoñales para iniciar la sementera.
2 Hago un semillero de calabacines, bien abonado, con buena tierra, lo riego con frecuencia; nacen los calabacines y cuando están crecidos los planto en el terreno; crecen bien y dan buenos frutos.
3 Es una experiencia de este verano. Siempre esperamos buenos frutos de lo que sembramos con mimo. ¡Qué no hará el Señor! Su canto de amor de hoy en esta lectura es de una gran belleza.
4 El amor siempre espera correspondencia, y en este caso el pueblo de Israel, que es lo que la viña representa, no retorna amor al amor que el Señor le da; “frutos agrios” es todo lo que sale de ese pueblo.
5 Pero realmente el Señor “no aspira” al amor; espera del pueblo equidad y justicia entre sus miembros. No se canta hoy el amor Dios-hombre, sino el amor entre los hombres consecuencia de una postura de fe.
6 Nuestra experiencia de fe debe llevarnos a vivir cristianamente; no basta vivir religiosamente; la experiencia de fe es más profunda y nos llevará a pensar permanentemente en nuestro prójimo más necesitado.
7 Si no es así, terminaremos como termina la lectura, que refleja, sin duda, la situación de Israel cuando Samaria fue tomada por los asirios. (721 a. C.) Y así, el dueño de la viña, Yahvé, dejándose ya de lamentaciones, va a obrar como Juez justo. Puesto que no le ha dado el fruto esperado, la va a derribar totalmente, porque no merece la pena que nadie se preocupe de ella, ni se la preserve de las incursiones de los animales. Y como Dios, incluso le negará las nubes propicias
8 Nosotros sabemos que Dios no toma medidas “contra” nosotros, pero nosotros “solitos” dejamos la felicidad cuando nos separamos del camino del Señor, cuando nos apartamos de la justicia y la paz, del amor y de la atención al necesitado.
¿Vemos el continuo amor de Dios en su “trabajo” con nosotros? ¿Somos nosotros capaces de responder con el mismo amor? ¿Sigue siendo en nuestros tiempos urgente la conversión?
Dios es nuestro pastor. ¿Ha olvidado a su pueblo y a su Iglesia? Cuando la Iglesia aparece desprestigiada, es la salvación de Cristo la que parece haber fracasado. ¡Haz, Señor, que volvamos y conviértenos!
Sal 80,9.12.13-14.15-16.19-20
La comunidad cristiana es nuestra viña; debemos de cuidarla, atenderla y mantenerla unida
La viña del Señor es la casa de Israel.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles,
y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor Dios del universo, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Aquí tenemos la vid e Israel. El salmista hace una preciosa oración al Señor al que ve lejos, se ha alejado como indicaba Isaías en la lectura anterior. Necesitamos tener cerca al Señor; sin Él poco somos, nuestra buena voluntad es precaria y desaparece con facilidad; únicamente el apoyo del Señor nos puede sostener.
Esa es nuestra fe; esa es nuestra experiencia de fe, verlo cerca, verlo en nosotros. Verlo en la Iglesia que Jesús promovió, en esa Iglesia que es vid y que debe de dar buenas uvas, buenos frutos de amor.
Deberíamos hacer como el salmista que termina haciendo promesas de fidelidad y reconociendo que es Yahvé quien nos da la vida; por tanto, sólo por El podremos encontrar consuelo a nuestras angustias.
¿Cuidamos nuestra “viña” con nuestro ejemplo y nuestras manifestaciones? ¿Son nuestras críticas medidas y sinceras? ¿Evitamos grandes discrepancias públicas?
Es verdad que el texto de Filipenses debería estar precedido por el anuncio de la alegría y de la presencia inmediata del Señor (vv. 4-5), que justifican a todos los efectos las exhortaciones de la lectura de hoy de cómo esperar y vivir ese momento como una verdadera comunidad cristiana. No obstante, la lectura se centra en la praxis verdadera de oración y confianza cara al futuro, en no tener miedo pase lo que pase. En este sentido podemos tener muy en cuenta lo que se nos dice que esos versículos mencionados (que se leen en Adviento.
No obstante, podríamos considerar que la lectura en sí, es la contrarréplica a lo que el profeta Isaías ha descrito sobre la viña del Señor. Ahora Pablo está hablando de lo que debe ser una comunidad cristiana en el mundo. El valor simbólico y teológico de la viña del Señor sigue estando presente. Digamos que en una descripción práctica de la calidad del fruto de la viña; ésta debe identificarse en el mundo por la alegría, la comprensión, la paz en el corazón y en la mente, porque si no se tiene paz interior, profunda, iremos a la guerra y justificaremos la violencia. Y además: la verdad, lo justo, la limpieza de corazón. En definitiva, hacer el bien siempre y en todo momento. Esto es lo que el profeta pedía a la viña del Señor y esto es lo que Pablo pide a la comunidad cristiana.
Segunda lectura Flp 4,6-9
Los cristianos tienen que tener siempre abierto el corazón a todos los valores que, no siendo específicamente suyos, son sin embargo auténticos.
Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.
Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y sú-plica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, pu¬ro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.
1 Pablo son muestra el camino hacia el Señor: la oración. ¡Cuantas veces nos angustiamos, o al menos nos preocupamos en exceso por cosas que nos pasan!
2 La oración será nuestro bálsamo; no es que por arte de magia desaparezcan los motivos de nuestra preocupación, sino que “la paz de Dios tomará bajo su cuidado nuestros pensamientos y nuestros corazones”.
3 ¡Qué tranquilidad! Esa es también nuestra fe y así viviremos nuestra experiencia de fe; sintiendo la paz del Señor, y seremos capaces de transmitir esta paz a otros.
4 Porque esa paz, y la alegría que trae consigo, será nuestro testimonio cristiano, al que otras personas, angustiadas por sus problemas y dificultades, recurrirán en auxilio. No cabe duda de que estas peticiones serán “síntoma” de la presencia del Señor en nuestro corazón.
5 Porque todo lo humano: riquezas, ciencia, arte, literatura... separado de Cristo, nada vale; pero si lo llenamos de la savia de Cristo, puede tener gran valor.
¿Sabemos unir la acción de gracias a nuestras oraciones de petición? ¿Somos conscientes de practicar las virtudes que enumera Pablo? ¿Sentimos, asumimos, exhibimos la paz que nos da el Señor?
El evangelio nos propone la parábola de los viñadores homicidas y está en continuidad con los textos del evangelio de Mateo que muestran las polémicas de Jesús con los dirigentes judíos antes de la pasión, viniendo a poner el punto final de una polémica que comenzó en Galilea. Aunque la parábola está tomada de Marcos (12,1-12), el primer evangelio nos propone algunos matices que llevan el texto a una densidad polémica contra el judaísmo, que extraña sobremanera en este evangelio de Mateo, tan propicio a asumir lo mejor de la teología veterotestamentaria y judaica.
En la redacción y sentido de esta parábola juega un papel importante la reflexión sobre el Sal 118,22-23. Se identifica claramente a los viñadores con los jefes del pueblo. El "vosotros" del v. 43 indica que los dirigentes religiosos del judaísmo, rechazando a Jesús, han perdido su última oportunidad de dar a Dios lo que correspondía y, de esa forma, han arrastrado a todo el pueblo en su infidelidad como aparecerá claramente en el juicio ante Poncio Pilato. La segunda parte de la sentencia anuncia el traspaso de la viña que no se hará a "otros dirigentes" sino a un nuevo "pueblo que produzca frutos" (v. 43). Esto es importante para entender esta parábola, no solamente porque los cristianos debemos rechazar todo antisemitismo, sino porque es verdad que la decisión final de condenar a Jesús estuvo en manos de "dirigentes" ciegos para ver e imposibilitados para acoger palabras proféticas como las de Jesús sobre Dios y sobre el Reino.
Esta parábola, con sus transformaciones en la comunidad cristiana después de la pasión de Jesús, es una puerta abierta siempre a la conversión, a la esperanza. Los hombres que en tiempos de Jesús aguardaban, entonces, que se diera en su generación la irrupción de un mundo nuevo e inaudito, se percataron de que aquella parábola iba por ellos y no quisieron aceptar que el tiempo nuevo había llegado con aquél profeta que hablaba de aquella manera. Quien entiende que esta parábola nos introduce en un mundo donde sólo hay vida cuando no se vive a costa de otras vidas, habrá dado con esa puerta abierta a la esperanza, a la fraternidad, a la paz y a la justicia. Sabemos que la realidad última, para la fe cristiana, es Dios mismo, pero como Dios Padre de todos los hombres. Era el Padre de Jesús, el profeta de Nazaret, y ese Dios, cuando se asesina a cualquier hombre, siente en sus entrañas lo que sintió con la muerte de Jesús. También esta parábola de Jesús es un canto de amor por la vida.
Pero no podemos evitar sacar conclusiones muy significativas para ahora y para todos los tiempos. La religión que mata o permite guerras en nombre de Dios, no es exactamente "religión", religación a Dios. Por eso esta es una parábola que debe leerse clara y contundentemente contra los fundamentalismos religiosos que amenazan tan frecuentemente a los pueblos y a las culturas. No hay apologética capaz de defender a "nuestro Dios" con la muerte de los otros, porque en todos esos asesinados, Dios mismo está muriendo. Y si Jesús fue eliminado, creyendo los dirigentes que daban gloria a su Dios, se encontraron con que esa muerte se ha convertido en la "piedra angular" de una religión nueva de amor y de paz. Y los asesinos fundamentalistas, pues, quedarán sin Dios y sin religión.
Evangelio Mt 21,33-43
¿Vivimos trabajando por un mundo más humano? ¿Cómo estamos respondiendo desde el proyecto de Dios a las víctimas de la crisis económica?
Arrendará la viña a otros labradores.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancia¬nos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labra¬dores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labra¬dores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Ten¬drán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aque¬llos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la vi¬ña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
1 Vuelve la vid, esta vez en Jesús. El pueblo elegido no ha sido capaz de responder a esa elección; sus frutos son agrios. Nos gusta coger un racimo y gustar su dulzura, su buen sabor; en caso contrario arrojaremos el racimo al estiércol.
2 Ese es el caso del pueblo de Israel; elegido por el Señor para ser su testigo, da muestras de egoísmo, injusticia y falta de amor. El Señor corregirá esa elección y entregará la viña a otro u otros pueblos, capaces de llevar el amor de Dios a todos. ¿Estaremos nosotros preparados para esa nueva elección, o nos pasará lo mismo que a Israel?
3 “Él nos ha llamado con amor, nos protege. Pero luego nos da la libertad, nos da todo este amor "en alquiler". Es como si nos dijera: Cuida y custodia tú mi amor como yo te custodio a ti. Es el diálogo entre Dios y nosotros: custodiar el amor. Todo comienza con este amor. Luego, sin embargo, los campesinos a quienes se les confió la viña se sintieron fuertes, se sintieron autónomos de Dios y se adueñaron de esa viña; y perdieron la relación con el dueño de la viña. Y cuando alguien acude a retirar la parte de la cosecha que corresponde al dueño, le golpean, le insultan, le dan muerte. Esto significa perder la relación con Dios, no percibir ya la necesidad de ese patrono. Es lo que hacen los corruptos, aquellos que eran pecadores como todos nosotros, pero que dieron un paso más: se consolidaron en el pecado y no sienten la necesidad de Dios. O al menos, se creen que no la sienten, porque en el código genético existe esta tendencia hacia Dios. Y como no pueden negarlo, se hacen un dios especial: ellos mismos”.(Papa Francisco, 3 de junio de 2013, homilía en la capilla de Santa Marta)
4 Como Iglesia somos llamados a aprender, en el ejemplo de Jesús, a experimentar la contestación y a ser capaces de soportar las dificultades en nuestro empeño de evangelizar. ¿Estamos de acuerdo en que las pruebas educan nuestro corazón? ¿Y que las dificultades pueden ser un instrumento para medir nuestra autenticidad y la madurez de nuestra fe? ¿Estamos decepcionando a Dios? ¿Estamos acogiendo la tarea que Jesús nos ha confiado de humanizar la vida o vivimos distraídos por otros intereses religiosos más secundarios?
LA ORACIÓN.- Señor, tú que has conocido la ingratitud de los hombres; Tú que has sido paciente con quien te ofendía; Tú que has sido siempre misericordioso, manso, ayúdanos a combatir nuestra inflexible dureza hacia los otros. También nosotros te dirigimos la invocación del salmista: “No abandones la viña que tu diestra ha plantado”. Te lo pedimos, Señor.
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Meditación del Papa Francisco
El jefe de los sacerdotes y de los fariseos al escuchar la parábola de Jesús entendió que hablaba de ellos. Intentaban capturarlo y hacerlo morir. De esta manera la palabra de Dios está muerta, está aprisionada, el Espíritu Santo queda enjaulado en los deseos de cada uno de ellos. Y es lo que nos sucede a nosotros cuando no estamos abiertos a la novedad de la palabra de Dios, cuando no somos obedientes a la palabra de Dios.
Entretanto hay una frase que nos da esperanza. ¡La palabra de Dios está muerta en el corazón de esta gente y también puede morir en nuestro corazón! Pero no termina, porque está viva en el corazón de los simples, de los humildes, del pueblo de Dios. Intentaban capturarlo pero tenían miedo de la multitud del pueblo de Dios, porque ésta lo consideraba un profeta.
Aquella era una multitud de gente simple, que seguía a Jesús, porque lo que Jesús decía les hacía bien al corazón, les calentaba el corazón. Esta gente no se había equivocado, no usaba la palabra de Dios para hacer su conveniencia, sentía y buscaba ser más buena. ¿Qué podemos hacer para no asesinar la palabra de Dios? ¿para ser dóciles y no enjaular el Espíritu Santo?
Dos cosas simples. La actitud de quien quiere escuchar la palabra de Dios es primero, la humildad; segundo la oración. Esta gente no rezaba. No sentía necesidad de rezar. Se sentían seguros, se sentían fuertes, se sentían dioses. Humildad y oración: con la humildad y la oración vamos adelante para escuchar la palabra de Dios y obedecerle. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de marzo de 2014, en Santa Marta).

