11/10/2026 Dominical ¿Estamos dispuestos a aceptar la invitación de Dios al banquete de la fiesta de su Reino?

Dominical: El punto de vista de un laico
Escuchar LA PALABRA; meditar LA PALABRA; actuar según LA PALABRA
V e r ; j u z g a r ; a c t u a r
DOMINGO VIGÉSIMO OCTAVO DEL TIEMPO ORDINARIO (11 octubre 2026)
(Is 25, 6 – 10 a; Sal 23, 1 – 6; Flp 4, 12 – 14. 19 - 20; Mt 22, 1 – 14)

¿Estamos dispuestos a aceptar la invitación de Dios al banquete de la fiesta de su Reino?
Primera lectura Is 25,6-10 a
La fidelidad del Señor está siempre presente
El Señor preparará un festín y enjugará las lágrimas de todos los rostros.
Aquel día, el Señor del universo preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»
Análisis literario/histórico. Este pasaje pertenece al llamado "apocalipsis de Isaías" (capítulos 24-27 de su libro). El profeta, que vive ya después del destierro de Babilonia, describe en este apocalipsis (o "revelación") el juicio de Dios.
Los acontecimientos inmediatos de la historia le sirven como signos que señalan lo que aún ha de venir cuando todo se revele y desaparezca el velo que ahora cubre todas las naciones. Nuestra lectura recoge, bajo el símbolo de un banquete, el aspecto positivo de este juicio de Dios. Se trata del banquete que Dios ha preparado para todos los pueblos (cf. Mt 8. 11; 22. 2-14; Ap 19. 9), del banquete de la entronización de Yahvé (cf 1 S 11. 15; 1 R 1. 25s.). Pues ha de reinar sobre todos los pueblos (24. 23), poniendo fin a nuestros nacionalismos estúpidos.
Análisis teológico. El "monte" es el Sión, porque Dios ha querido que la salvación del mundo venga de los judíos. La manifestación de Dios, su epifanía, quitará el velo que cubre todas las naciones; esto es, acabará con el error que impide a los pueblos ver con claridad (cf. 29. 10; 2 Co 3. 15s.).
Y el conocimiento de Dios, mejor, el reconocimiento y aceptación de Dios, acabará con el pecado y con sus terribles consecuencias: el dolor y la muerte.
En ese día Yahvé pondrá fin al oprobio que padece su pueblo elegido y se acabará la mofa de sus enemigos. Este pueblo que aún espera contra toda esperanza, en la diáspora -"¿Dónde está vuestro Dios?", le preguntan con sorna los incrédulos-, reunido en presencia de Dios y ante todos los pueblos, encontrará al fin una satisfacción para su esperanza y la contestación a las burlas de sus enemigos. Dirá entonces y responderá con gozo: "Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara". Y comenzará una fiesta sin ocaso.

Análisis existencial/de oración Este trozo del capítulo 25 de Isaías se titula “La cena de los justos”. Es, en verdad, jugoso anunciando en lenguaje apocalíptico varias cuestiones importantes:
1 La Eucaristía; en nuestras familias somos muy aficionados a celebrar nuestras fiestas con una comida o una cena. El “oriental” también lo es, y este es un banquete muy especial al que el Señor nos invita en “su montaña”, Sión, Jerusalén; para nosotros los cristianos, en su Reino... para lo cual tenemos que estar en él.
2 La Resurrección; destruirá la muerte para siempre; es lo que vino Jesús a hacer, vencer a la muerte, enseñándonos, el camino de la verdadera vida con su testimonio.
3 Alegría y regocijo: Es la consecuencia lógica del proceso de salvación que Jesús nos ha traído, venciendo a la muerte y superando nuestro pecado. Jesús muestra su compasión a lo largo de su vida, sanando y consolando a la gente
4 La Salvación; nuestro Dios del que esperábamos la salvación está con nosotros. Una salvación eterna que comienza en esta vida terrena y se incorpora a la celestial en la muerte y resurrección
5 La mano del Señor; dice que “se posará sobre este monte”. Tenemos que estar en esa montaña, tenemos que estar en el banquete, pero bien “vestidos”, bien preparados, con los “deberes” hechos, con nuestro prójimo atendido, con el Señor “escuchado”.
6 ¡Alegrémonos, pues!, la alegría debe de ser la tónica de nuestra vida, acompañando y compadeciendo al que sufre, para que pueda compartir también nuestra alegría, nuestra experiencia de fe, nuestro convencimiento de que el Señor está a nuestro lado.

Análisis existencial/creyente.
¿Entendemos la situación del pueblo judío en que se escribe estos versículos?
¿Comprendemos que la promesa de vida de Dios se dirige a todos y promete una plenitud que es gozo, liberación de todo mal, ternura, posterior al sufrimiento del exilio? ¿Nos damos cuenta de que Jesús es el Mesías que instaura el Reino del Padre, y resucitando de la muerte triunfa sobre ella y sobre sus consecuencias? ¿Aceptamos su invitación a formar parte de su reino para participar de alguna manera en su triunfo sobre la muerte? ¿Nos hacemos partícipes de la imagen de un Soberano enjugando las lágrimas de los seres finitos que es realmente conmovedora?

Sal 23,1 – 6
Nuestro Pastor y Anfitrión es el Señor...
Habitaré en la casa del Señor, por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Análisis literario/histórico. En la composición del Salmo podemos ver que se centra en dos metáforas: el pastor (Sal 23:1-4) y el anfitrión (Sal 23:5-6). Pero también podemos verlo pensando en todas las etapas de la vida del creyente:
- (Sal 23:1-3) La vida presente donde toda necesidad es suplida por el pastor.
- (Sal 23:4) El paso por la muerte donde su compañía nos libra de todo temor.
- (Sal 23:5-6) El disfrute de la eternidad que comienza aquí en la tierra y sigue en la compañía del Señor
El tema del "Pastor" aparece constantemente, en la Biblia. Los judíos vivían en una civilización rural y hasta cierto punto nómada. Para un hombre cuyo rebaño es la principal riqueza, toda la vida está "polarizada" por su cuidado: encontrar verdes praderas, conducir a las ovejas al abrevadero, hacer reposar el rebaño bajo la sombra, conocer los senderos seguros y evitar los pasajes peligrosos, proteger con el bastón los ataques de las fieras. Dios es presentado como este "Pastor" diligente
Análisis teológico. Es interesante ver la confianza con la que el salmista se refiere a Dios como "mi Pastor". Se sentía parte de su rebaño y bajo su protección. Y esta es precisamente la puerta de entrada para disfrutar de todas las bendiciones que a continuación vamos a ver en este Salmo; si Dios no es nuestro Pastor de una forma personal, todo lo demás no pasará de ser una bella poesía, pero de ninguna manera logrará traer consuelo verdadero a nuestra vida.
El salmista percibe que el hombre tiene necesidades más profundas que las del cuerpo, y sabe que sólo en Dios pueden ser satisfechas. Nuestro mundo moderno necesita darse cuenta urgentemente de este hecho: el hombre es mucho más que un cuerpo, tiene también alma y espíritu, y nuestra cultura materialista y de consumo siempre fracasará en traer la felicidad al hombre porque no tiene en cuenta estas otras facetas, y las ignora para centrarse en exclusividad de las necesidades del cuerpo.
En las tierras desérticas de Judea, el pastor sabía lo agotador que era para el rebaño andar kilómetros por zonas áridas, a menudo bajo los rayos de un sol abrasador. Pero también conocía dónde estaban los oasis y allí conducía a sus ovejas para proporcionarles descanso, alimento y agua en un ambiente apacible.
Siempre es alentador saber que Dios conoce nuestras circunstancias y las dificultades por las que atravesamos en la vida, y podemos estar seguros de que a su tiempo nos conducirá en su sabiduría y bondad hasta su gracia reparadora.
Este es el descanso que los hombres buscan inútilmente fuera de Dios. "Nos has creado para ti mismo, ¡oh Dios!, y vagaremos errantes hasta que encontremos en ti nuestro reposo", dijo San Agustín, y esta verdad ha sido plenamente demostrada en la experiencia de los hombres de todos los tiempos.
(De la Escuela Bíblica. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

Análisis existencial/de oración
Te alabamos y te bendecimos, Señor, porque contigo al frente de nuestro caminar, la experiencia de fe nos llevará lejos
Tú eres nuestro alimento constante, nuestro descanso en las angustias de nuestra vida, nuestro guía seguro
Y en nuestras horas de cansancio, de inclinación al desánimo, en Ti, Señor, encontramos la fuerza reparadora que nos invita, nos anima e impulsa a seguir adelante.
Y bendecimos y alabamos tu santo nombre, “de la salida del sol hasta el ocaso”, pero también en las horas de descanso en las que sabemos que sigues velando por nosotros
Vemos tu cayado y sabemos hacia donde dirigir nuestros pasos, aunque la oscuridad de la desgracia se abata sobre nosotros; sabemos que tu vara irá separando nuestra tristeza y convirtiéndola en alegría sin fin
Y tenemos que dar gracias por tu generosidad, por tu disposición constante a alimentarnos con tu cuerpo y tu sangre, en esa permanente y eterna alianza que tu Hijo firmó con su sacrificio, tan costoso para Ti
Y, ¡qué decir de la oferta final! Esa generosidad sin límites nunca sabremos agradecerla de verdad, nunca seremos capaces de corresponder a tu bondad, mostrando una línea de vida de permanente atención a aquellos que más necesitan de nosotros

Análisis existencial creyente.
¿Hay gente sin pastor? ¿Tenemos pastores adecuados? ¿Nos sentimos nosotros pastores? ¿Creemos que teníamos que ser más pastores?
¿Atendemos a gente que lo necesita? ¿Tratamos de que tengan siempre el mínimo necesario, al menos? ¿Conocemos gente que necesita de nosotros?
¿Sabemos consolar y compadecer a gente que lo necesita? ¿tratamos de “elevar la moral” de las personas que sabemos en “horas bajas”?
Y nuestro sendero, ¿es el adecuado? ¿Respetamos el nombre de Dios?
¿Tenemos verdadera confianza en el Señor? ¿Nos acogemos a su amor? ¿Nos encomendamos a Él en nuestros disgustos?
¿Participamos en la Eucaristía con fe, con la experiencia de fe de estar participando en esa mesa preparada por el Señor? ¿Participamos con la esperanza de que el Señor nos ayudará a librarnos de nuestras angustias?
¿Somos conscientes de la bondad y la misericordia con las que el Señor nos trata?
¿Creemos firmemente en nuestra resurrección?

Segunda lectura Flp 4,12-14.19-20
La fidelidad del Señor siempre está en la base de nuestra vida cristiana, en todas sus circunstancias
Todo lo puedo en aquel que me conforta.
Hermanos: Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en com¬partir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con mag-nificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Análisis literario/histórico. Es el final de la carta de Pablo a los Filipenses, comunidad a la que tiene un gran cariño, comunidad que le ha cuidado y atendido como ninguna.
El trozo que hoy leemos es una manifestación de fe impresionante, de confianza en el Señor y de agradecimiento al acompañamiento que la comunidad le ha hecho, con la certeza en la recompensa que esta conducta traerá consigo.

Análisis teológico. Parece que Pablo tiene el verdadero secreto de felicidad. ¿Estamos también nosotros dispuestos a tomar la vida tal como se presenta... a saber apreciar las cosas buenas cuando las tenemos -sin exceso para no apegarnos a ellas-; pero también a saber aceptar las privaciones, De otra parte, esto es fácil de decir pero no deja de ser un ideal.
«Aquél que me conforta»: una definición más de Jesús, que puede estar en línea con nuestras necesidades espirituales, haciéndonos meditar en quien es Jesús para nosotros.

Análisis existencial/de oración La sobriedad en la manera de vivir tiene que ser un sello cristiano, pendiente siempre de las necesidades de otras personas. Sabemos que el Señor nos colmará con creces, como ya anunciaba el salmo.
Te rogamos, Señor, que sepamos orientar nuestra vida cristiana hacia los más necesitados, haciéndonos conscientes de que nuestra felicidad está en el compartir
Danos, Señor, esta visión serena y lúcida: haz que aceptemos nuestras alegrías y nuestras penas con equilibrio, sencillamente, como algo natural... y con la certidumbre que sabrás «confortarnos» cuando llegue el momento de «soportar» pesos demasiado pesados, opresiones humanamente insoportables.

Análisis existencial creyente.
¿Somos conscientes del verdadero secreto de felicidad? ¿Sabemos apreciar las cosas buenas cuando las tenemos -sin exceso para no apegarnos a ellas-; pero también a saber aceptar las privaciones? ¿Sabemos que sirviendo a nuestros hermanos, los hombres, satisfaciendo en algo sus necesidades, incluso las más materiales, ofrecemos un culto a Dios?

Evangelio Mt 22,1-14
¿Aspiramos a ser “elegidos”? Pero... ¿elegidos para qué, con qué propósito, con qué resultados?
A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Análisis literario/histórico. Nosotros no podemos hacernos una idea de la resonancia que debió tener en la conciencia de los judíos de la época, convertidos o no al Evangelio, la toma y la destrucción por los romanos de la capital judía, de "Jerusalén, la Ciudad del Gran Rey" Este derrumbamiento había afectado dolorosamente al sentido patriótico de todos los judíos y más todavía al sentido religioso, a su fe en las promesas divinas.
El otro acontecimiento es más actual, pero continúa desde hace mucho tiempo: es el fracaso que los predicadores del Evangelio han sufrido en el medio judío, sobre todo en Palestina. Pablo, que experimentaba más que otros muchos sus dolorosas consecuencias, sintió el carácter trágico de este hecho (Rm 9. 1-5; 10. 1-4, etc.); un hecho que hería, además, el sentimiento de solidaridad nacional y ponía a prueba la fe en la eficacia de la palabra de Dios.
Muchos son los llamados y pocos los elegidos. A propósito de la traducción de esta frase se impone una observación. El adjetivo muchos es la manera semítica de decir todos. Un caso similar se encuentra en las palabras de la cena del Señor esta es mi sangre... que va a ser derramada por muchos=todos (Mt 26, 28). La frase final de la parábola no significa que unas personas sean llamadas y otras no. Para evitar malentendidos una buena traducción sería la siguiente: Todos son llamados, pero pocos escogidos.
Al margen de la traducción, el sentido de la frase no tiene nada que ver ni con las vocaciones sacerdotales ni con la predestinación ni con la salvación eterna. La frase significa sencillamente que todos estamos llamados a construir el Reino de los cielos aquí en la tierra, pero que no todos lo construimos.

Análisis teológico. La parábola evangélica es una meditación sobre los acontecimientos antes relatados. Es el fruto de esa confrontación entre la existencia y la Palabra, en que consiste lo más profundo de la vida de la fe. Para decirlo en lenguaje de hoy, puede decirse que esta parábola es una especie de "revisión de vida" que hace el evangelista ante sus oyentes. Su fe considera ante ellos los acontecimientos dolorosos que afectan al corazón de todos; esa fe los ve y llega a juzgarlos y a apreciar su sentido divino, y examina, en fin, qué proceder ha de adoptar ella para que la vida sea más conforme a la Palabra oída.
Todo ello ha de ser contemplado más de cerca. Hay ya un primer hecho evidente: para hallar el sentido de la actualidad, el evangelista acude a la Palabra de Jesús. De hecho, la parábola que va a buscar en el pasado de Israel la explicación de todas las cosas, es una palabra de Jesús: "Jesús se puso a hablarles en parábolas" (v. 1). (...) Mateo demostraba que la palabra de Jesús es apta para dar el sentido profundo de todas las cosas; que es incluso la única capaz de expresar el sentido de la vida. Si hay fracaso de la Palabra, explica Jesús, no es más que momentáneo, ya que la sala del banquete se llenará completamente; este rechazo parcial es debido al libre rechazo de los primeros invitados.
Es preciso salir a los caminos del mundo para anunciar a todos -"malos y buenos" dice el evangelio- la Buena Noticia del amor de Dios, de la vida de Dios, que Él quiere para todos los hombres, el amor y la vida que Jesús quiere comparar con un gran convite de boda (para asistir al cual, dice Jesús, la única condición es ir con vestido de fiesta, es decir, no como quien va a una obligación -o a un entierro- sino a una alegre e importante fiesta.
El rechazo de los invitados iniciales se parece a cuando, ante Dios, ante la oferta de su Reino, nosotros no aceptamos sus palabras, mostramos más interés en otras cosas, ponemos en primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses.
Pero Dios no se desanima, y cuando el rey llama a los pobres, el salón se llena; su bondad no tiene límites y ofrece a todos la posibilidad de responder a su llamada.
En cuanto al vestido de fiesta, San Gregorio Magno explicaba que el comensal que responde a la invitación de Dios a participar en su banquete tiene, en cierto modo, la fe que le ha abierto la puerta de la sala, pero le falta algo esencial, el vestido de fiesta, que es la caridad, el amor.
Por su parte, Benedicto XVI dice que ese es un traje que tiene como dos piezas: el amor a Dios y el amor al prójimo.
Benedicto XVI concluye su homilía sobre este evangelio recalcando que: "Todos somos invitados a ser comensales del Señor y a entrar mediante la fe en su banquete, pero debemos vestir y cuidar el traje nupcial, la caridad, vivir un profundo amor a Dios y al prójimo".
Es una realidad; nos podemos contentar con los ritos y las normas, y aún pensar en nuestra fe vital, pero la fe sin ese “complemento” esencial del amor, realmente de poco sirve.

Análisis existencial/de oración. Ya lo comentábamos en la primera lectura de hoy; el Señor siempre nos invita a su banquete, a su Eucaristía, a la Eucaristía de la Comunidad. Pero debemos de ir con nuestro espíritu preparado, con nuestra vestimenta interior limpia, con la conciencia de estar llevando a cabo nuestras tareas de proclamación del Reino de Dios, de atención al prójimo, de ausencia de malas críticas. Sino el Señor, aunque estemos físicamente presentes, no tendrá en cuenta esa presencia, no veremos fruto alguno de la comparecencia y volveremos a la misma vida poco cristiana.
Al menos, tendremos que asistir con un propósito de conversión, con un deseo de cambio, con petición humilde y sincera al Señor de que “sea mi Pastor y me guíe por el sendero recto.
Para todo ello recurrimos a la misericordia del Señor, ese Padre de fidelidad probada.

Análisis existencial creyente.
¿Somos nosotros buenos anfitriones compartiendo nuestra “fiesta” con los que menos tienen? ¿Es nuestro ejemplo invitación para todos a entrar y compartir el Reino? ¿Estamos convencidos que el Reino es un permanente banquete de felicidad? ¿O bien es algo colateral en nuestras vidas? ¿Somos conscientes de que la humildad es uno de los valores importantes del Reino?... Pero, ¿nos estamos preguntando “de qué Reino habla éste”?

LA ORACIÓN.- Te ruego, Señor, que pueda aceptar tu generosa invitación a tu banquete, formando con la comunidad un rebaño consciente de su misión, generoso y de vida sobria, llevado por tu cayado al interior de tu Reino. Te lo pedimos, Señor.

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TAN CERCA DE MÍ...
Una tarde en el parque, había un pequeño niño que quería conocer a Dios. Él sabía que sería un largo viaje para llegar hasta donde Él vivía. Entonces preparó su pequeña mochila con panecillos, un paquete de seis zumos y emprendió su marcha.
Cuando ya había recorrido tres calles, se encontró con una viejecita. Ella estaba sentada en el parque, mirando las palomas.
El niño se sentó junto a ella y abrió su mochila. Estaba a punto de tomarse su zumo cuando notó que la viejecita le miraba con envidia, y entonces él le ofreció un panecillo.
Ella agradecida lo aceptó y le sonrió. Su sonrisa era tan hermosa que el niño quiso contemplar de nuevo esa sonrisa, y entonces él le ofreció un zumo. Ella le sonrió de nuevo. ¡El niño estaba encantado! Se quedaron sentados toda la tarde comiendo y sonriendo, pero no se dijeron una sola palabra.
Tan pronto empezó a oscurecer, el niño notó que estaba cansado y se levantó para irse. Pero, antes de alejarse se dio la vuelta, corrió hacia la viejecita y le dio un abrazo. Ella le regaló su más hermosa sonrisa, como nunca antes lo había hecho.
Cuando el niño abrió la puerta de su casa, su madre se quedó sorprendida de la felicidad que desprendía. Ella le preguntó: “¿Qué te ha pasado hoy que se te ve tan feliz?”. Él contestó: “He comido con Dios. Y, ¿sabes qué? ¡Tiene la sonrisa más bella que he visto jamás!”.
Mientras tanto, la viejecita también con mucha felicidad, regresó radiante a su casa. Su hijo estaba asombrado por la paz que desprendía su rostro y le preguntó: “Madre, ¿qué te ha pasado hoy que te ha hecho tan feliz?” Ella contestó: “Comí panecillos en el parque con Dios. Y, ¿sabes qué? Es bastante más joven de lo que yo creía”.



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