Salmo 095

Introducción. – Ese salmo de alabanza quiere mantener vigilante al pueblo, recordándole su fragilidad.
Probablemente este salmo era recitado en la fiesta judía de las tiendas (Sucot), para cantar la fidelidad de Dios con su pueblo a lo largo de la historia. Además, invita a que el pueblo no repita los errores del pasado.
La fiesta de las Tiendas es una fiesta de acción de gracias por las los frutos de las cosechas (Ex 34,22). Es el momento en el cual los campesinos finalmente pueden descansar de sus fatigas. En esta fiesta se construyen pequeñas chozas con ramas y palmas para recordar el tiempo en que el pueblo de Israel no tenía nada y habitaba en tiendas de campaña, durante su peregrinación por el desierto del Sinaí.
Este salmo nos invita a cambiar nuestra actitud al venir al templo, al presentar nuestros dones. Entrar a la casa de Dios es motivo de fiesta y no de tristeza, mal humor o aburrimiento. El domingo es día de fiesta, día de agradecer por lo que hemos “cosechado” en los días de la semana.

1Vengan, alegres demos vivas al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva;
2 partamos a su encuentro dando gracias;
aclamémosle con cánticos.
Dado que se trata de un himno, comienza con una exhortación para cantar y alabar al Señor, en una procesión solemne que entra al templo. Dios es comparado con la “roca de salvación”, aquella que golpeó Moisés en el Éxodo (17,1), y de la cual brotó agua para saciar la sed del pueblo peregrino en el desierto.
Alabemos y aclamemos al Señor que nos salva, que está presente en nuestra vida; hagámoslo con humildad, reconociendo su poder y su gloria, pero, al mismo tiempo, dándonos cuenta de su cercanía, que guía nuestro camino. Para ello debemos de escuchar su voz, su Palabra que siempre será motivo de alegría.
Porque estamos convencidos de que es el Señor el que nos salva, Él es nuestra Roca que nos afirma en nuestra tierra y nos lleva a su divina presencia culminando nuestra vida.
Debemos mantener una atenta escucha de su Palabra, escucha que nos propondrán los verdaderos profetas, aquellos que reciben un don especial del Espíritu para comentar las Escrituras según las necesidades del momento y todos reconocemos en sus palabras una enseñanza de Dios.
Reconozcamos pues la bondad y misericordia de Dios, sigamos su camino y no le exijamos aquello que nos parece más conveniente
Nuestra vida debería de ser una continua aclamación del Señor, como se aclama al atleta victorioso. Y es que Él es nuestro creador, vencedor de cualquier tipo de negación del ser humano. Nos ha hecho reyes de lo creado, lo ha puesto a nuestra disposición; la acción de gracias es, desde luego, obligada
La actitud y postura en la oración puede ser diversa, pero, no cabe duda de que requiere un recogimiento que nos aísle del “mundanal ruido” para poder escuchar plenamente la voz del Señor. Porque, como tantas veces encontramos en el Antiguo Testamento, Él es nuestro único Dios: “Escucha, Israel, Yahvé, nuestro Dios, es Yahvé único” (Dt 6, 4)
La roca de nuestra salvación. Este es un título para Dios tanto con un significado experimental y teológico. Esto señala hacia una genuina profundidad tanto de pensamiento y experiencia. La adoración no debiera de decir solamente cosas acerca de Dios, sino el hacerlo con reflexión y en conexión en lo que tenemos o necesitamos para experimentar de parte de Él.
¿Nos damos cuenta de que la alegría es la esencia de la fraternidad, y que ésta es la esencia de una comunidad viva?

3 Pues el Señor es un Dios grande,
un rey grande por encima de todos los dioses.
4 En su mano están las bases de la tierra
y son suyas las cumbres de los montes.
5 Suyo es el mar, él fue quien lo creó,
y la tierra firme, que formaron sus manos.
Estos versículos señalan que sólo Dios es digno de recibir la adoración, porque él creó todo cuanto existe, aún lo más inalcanzable, como las profundidades de la tierra y las cimas de los montes más altos. Además, Israel es el pueblo del Señor, “el rebaño que él pastorea”.
Porque Jehová es Dios grande: El entender la grandeza de Dios nos ayuda a adorarle de una manera apropiada. La mayoría tiene algún sentido de asombro o apreciación de la grandeza cuando en la presencia de alguien la cultura es tiene como grande. Esto es natural; es aún más natural y apropiado para que nosotros tengamos profundamente a Yahvé como el Dios grande y el Rey grande sobre todos los dioses.
Sin duda que las naciones de los alrededores se imaginaron que Jehová era meramente una deidad local, el dios de una nación pequeña, y por lo tanto una de las deidades inferiores; el Salmista repudia del todo tal idea.”
¿Nos gozamos en las manos de nuestro Creador?

6 ¡Venid, agachémonos, postrémonos;
de rodillas ante el Señor que nos creó!
7 Pues él es nuestro Dios
y nosotros el pueblo que él pastorea,
el rebaño bajo su mano.
Adoremos y postrémonos: La idea de comunidad (venid) y adoración son repetidos de antemano en el Salmo, con un sentido de humildad añadido (postrémonos). La idea detrás de la palabra adoremos es esencialmente inclinarse, y la idea es enfatizada y se le da más intensidad por medio de la repetición.
Los redimidos tenemos al menos dos grandes razones para adorar humildemente a Dios. Él es tanto su Hacedor como su Redentor. Ellos le pertenecen a Él en dos ocasiones, tanto en la creación como la redención.
¿Tenemos alguna oración de alabanza al Señor, o nos limitamos a las peticiones?

7b Ojalá pudieran hoy oír su voz.
8 «No endurezcan sus corazones como en Meribá,
como en el día de Masá en el desierto,
9 allí me desafiaron sus padres
y me tentaron, aunque veían mis obras.
Si oyereis hoy su voz: El Salmista de nuevo nos exhorta hacia la acción, a oír la voz de Dios. En medio de su adoración, Dios hablaba con Su pueblo. Él les dio a ellos y a nosotros una palabra de advertencia.
Si quieres adorar a Dios, asegúrate de que no hayas endurecido tu corazón en contra de la Palabra de Dios, o que hayas peleado con él o le hayas probado, así como lo hicieron los antiguos
No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba: La rebelión y el día de la prueba se refieren principalmente a la prueba en Meriba (Nm 20,1-13). Pero más genéricamente habla de la negación de Israel de confiar y entrar hacia la Tierra Prometida durante el Éxodo (Nm 13,30-14,10). Dios no aceptó su incredulidad y condenó a esa generación de incrédulos a morir en el desierto.
La apelación no endurezcáis vuestro corazón significa que hay un aspecto de la voluntad involucrada cuando se trata de la dureza (o receptibilidad) de corazón. Muchos tienen a un corazón duro o suave como algo que solamente le sucede a alguien y que está más allá de su capacidad de controlar. Aquí el Espíritu Santo indica algo diferente.
Un corazón endurecido es tan inútil como un terrón de lodo endurecido o una rebanada de pan duro. Nada puede restaurarlo ni hacerlo útil. El salmista nos advierte que no endurezcamos nuestro corazón como lo hizo Israel en el desierto al continuar resistiéndose a la voluntad de Dios. Estaban tan convencidos de que Dios no podría liberarlos, que simplemente perdieron su fe en El. Cuando el corazón de alguien se endurece, esa persona está tan aferrada en sus caminos que no puede volver a Dios. Esto no sucede todo de una vez. Es el resultado de decidir pasar por alto la voluntad de Dios una y otra vez. Si usted resiste a Dios el tiempo suficiente, quizás El lo deseche como si fuera pan duro, inútil y sin valor. Meriba significa «disputas» y Masah significa «prueba». Esto se refiere al incidente de Refidim cuando los israelitas se quejaron a Moisés porque no tenían agua
Las fuertes palabras en esta segunda mitad del Salmo están conectadas con las palabras duces y agitadas de la primera mitad. Una humilde adoración de Yahvéh y el reconocimiento de Él como el Creador y Dios nos deben de conducir a tener un oído y corazón presto hacia Él. Hay algo mal cuando el adorador no obedece y confía en Dios.
Las últimas estrofas hacen un breve recorrido de la historia de Israel. Abren con un deseo explícito para el pueblo: “¡Ojalá que hoy sí escucharan!”. Y escuchar va junto con una orden: “No endurezcan su corazón”, es decir, no sean tercos en su conducta, déjense guiar por su pastor, que es Dios.
El pueblo que en la fiesta de las Tiendas entra cantando al templo, en acción de gracias, debe aprender de los errores de sus antepasados, quienes no siguieron los caminos de su Pastor. Sin esa docilidad, no se puede entrar a la presencia de Dios en el templo.
¿Desafiamos alguna vez al Señor? ¿Faltamos a la lealtad con la que Él se comporta con nosotros?

10 Cuarenta años me disgustó esa gente
y yo dije: «Son un pueblo que siempre se escapa,
que no han conocido mis caminos».
11 Por eso, en mi cólera juré:
«Jamás entrarán en mi reposo».
Dios le ofreció a la generación que salió de Egipto la oportunidad de tomar la Tierra Prometida por fe. Su incredulidad de rechazo de la oferta de Dios le disgustó por cuarenta años. Esto era evidencia de que ellos divagaban en su corazón, lejos de la humilde confianza en Él como Creador y Redentor.
Las andanzas por el desierto eran solamente un símbolo, pues fueron una consecuencia, de sus divagaciones en el corazón. Ellos no conocían Sus caminos; por lo tanto ellos escogieron el propio.
Su corazón estaba obstinado y continuamente con faltas; no era su cabeza la que erraba, pero en su propio corazón había un amor perverso, la cual apela hacia sus afectos, y no podían convertirles.
El conocer a Dios es confiar en Él. La incredulidad es evidencia de un conocimiento pequeño y falto de Dios.
Dios condenó la generación incrédula de Israel a morir en el desierto, para que una generación de fe pudiera heredar la Tierra Prometida, Su lugar señalado de reposo para Su pueblo.
No puede haber reposo para un corazón que no cree. SI el maná y los milagros no pudieron satisfacer a Israel, tampoco estarían contentos con la tierra de la cual fluía con leche y miel.
¿Sabemos que en el Señor siempre predominará la misericordia?

Comentario general de fondo
Invitación: venid, entrad, cantemos con alegría, aclamemos. "¡Nadie es una isla!" Después de largos siglos de individualismo, el mundo actual redescubre los valores comunitarios. El gran anonimato de las ciudades causa una soledad que por contraste, hace desear "estar con" los demás. La liturgia actual se esfuerza por valorizar la participación comunitaria. Nunca deberíamos olvidar que si la Iglesia nos convoca a la misma hora, en el mismo lugar, no es para hacer una oración individual (por indispensable que ella sea, pero en horas distintas), sino para una oración "juntos": ¡venid, entrad, cantad con alegría, aclamad, cantad! Esto explica, por qué los monjes de madrugada, se invitan unos a otros a la alabanza común. Dejémonos llevar por la oración de los demás. No seamos de aquellos que rechazan esta invitación y se encierran en su aislamiento piadoso.
La Alianza: "El es nuestro Dios, nosotros somos su pueblo"... "¿Lo escucharemos?" "La Alianza", anillo recíproco que llevan los esposos, símbolo corporal de pertenencia mutua. Palabra clave de la Biblia. Audacia extraordinaria del hombre religioso que imagina su relación con Dios en términos de desposorio. Aventura extraordinaria de Dios, totalmente otro, que se une amorosamente a un pueblo, a pobres humanos. Esto garantiza vivir la fe como una relación de amor. Pero ilumina también el estado del matrimonio, haciendo de él un "sacramento" de fe. Los valores esenciales del amor humano son también valores fundamentales de la fe. "No me abandones, no me abandones" dice la canción, exigencia de fidelidad. "Escúchame, escúchame pues", forma concreta que toma el amor. "Tú me has defraudado, has cerrado tu corazón", el amor es también fuente de sufrimiento y decepciones.
El pecado como "infidelidad", negación a escuchar". El "tú" de reproche que aparece al final del salmo: es el signo de un amor herido. Tal es, efectivamente, la verdadera dimensión del pecado. Se reduce considerablemente el mal cuando se limita a la simple transgresión de una ley, cuando se sitúa en relación a un mandamiento. Cuando se queda al nivel de lo permitido y lo prohibido. Para el hombre religioso, la moral no es solamente la moral (es decir un sistema ético cerrado en sí mismo, de normas de funcionamiento de la sociedad humana), es uno de los elementos de la relación con Dios. El mal "alcanza" a Dios, "frustra" a Dios. En lugar de acusar a Dios, de lanzarle "un desafío", por el problema del mal existente en el mundo, debemos comprender que el mal es contrario al plan de Dios, que El es el primero que sufre, como un artesano que ve desbaratarse su obra, como un esposo ridiculizado.
Hoy, la Iglesia nos propone recitar este salmo cada mañana, esto no es mera casualidad. La invitación a la alegre alabanza del comienzo, es una invitación diaria. La advertencia severa de resistir a la tentación, es también una invitación positiva: Hoy... todo es posible. El pasado es pasado... El mal de ayer se acabó. Una nueva jornada comienza.
NOEL QUESSON 50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo I PAULINAS, 2ª Edición